El celo de los perros

El celo en una perra es un proceso natural, periódico y repetitivo en todas las perras de cualquier raza y tamaño. Lejos de ser una disfunción, conviene convivir con este ciclo biológico y conocer su naturaleza.

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Cuando una perra está en celo significa que empieza para ella su ciclo estral, es decir, el periodo en el cual su cuerpo se va a preparar para una posible gestación.

El primer ciclo estral llegará con la pubertad del animal y según el tamaño del perro, puede ser desde los 5 – 6 meses de edad en razas pequeñas, entre 8 – 12 meses de edad en razas medianas y, en razas grandes y gigantes puede llegar estar entre los 18 – 20 meses de edad.

Una vez ha llegado a la pubertad, la hembra tendrá por regla general 2 ciclos estrales por año, independientemente de la raza.  Está claro, que cada hembra es diferente a otra y pueden haber excepciones como la de tener solo un ciclo estral o celo al año o que dure más el ciclo que otras, etc.

A veces, los primeros celos no son muy evidentes o pasan desapercibidos para los propietarios, pero los machos se sientan atraídos hacia la hembra.

En este caso es muy probable que la perra rechace al macho, y lo mostrará con diferentes posturas como por ejemplo sentándose o escondiendo la cola para evitar así que el macho la monte.  

La perra tiene un solo celo cada 6 meses independientemente de si la monta un macho o no, y en cada celo solo tiene una ovulación. Las gatas son muy diferentes en este aspecto.

El celo o ciclo estral, se divide en 4 fases:

Proestro: es la primera etapa que dura entre 5 y 9 días. Se caracteriza por el aumento de estrógenos en sangre lo que causa que la vulva aumente de tamaño y tenga pérdidas sero-sanguinosas. Estas pérdidas no son iguales a las que las mujeres tienen cuando están con la regla, el proceso es diferente y por tanto tiene un nombre diferente; en las mujeres la regla es la pérdida de sangre cuando no se ha producido fecundación y por tanto el cuerpo se deshace del óvulo no fecundado y en la perra, el sangrado significa que se está preparando el cuerpo para la fecundación por lo que hay mucho riego sanguíneo (pero no se llama regla).

Los estrógenos producen unas feromonas específicas que atraen a los machos, pero la hembra no estará receptiva.

Estro: esta es la fase activa del ciclo reproductivo, donde hay la ovulación y dura entre 5 y 9 días. El sangrado de la vagina es muy leve o casi ausente. Además de los estrógenos en sangre hay la producción de progesterona, una de las hormonas encargadas de preparar la gestación.   Aquí la hembra estará receptiva y se dejará montar por el macho.

Metaestro o diestro: esta fase va desde el momento que la perra ya no se deja montar por el macho hasta el final del embarazo. En este caso el Metaestro sería el embarazo en sí. En los ciclos donde no hay fecundación, esta fase puede durar de 60 a 90 días. Esta fase se caracteriza por la presencia del cuerpo lúteo en los ovarios y de tener en la sangre la hormona progesterona.

Anestro: es la fase de reposo entre los ciclos. La hembra no tiene ningún signo externo o de comportamiento sexual.

Hay que tener en cuenta que las perras no tienen menopausia, solo disminuye su fertilidad.

El hecho de no estar castradas a los 7-8 años tienen más posibilidades de padecer tumores de mama e infecciones de matriz (piometra), y este tipo de infecciones pueden ser muy peligrosas para la salud de la perra, ya que si la piometra es cerrada (el pus no sale por la vagina) puede haber la posibilidad de que la matriz se rompa  y el pus que lleva dentro se quede en  el abdomen provocando una importante peritonitis,  comprometiendo la vida del animal.  El mejor pronóstico es que la piometra sea abierta, es decir, el pus va saliendo por la vagina y hay menos riesgo de que se perfore y drene en el abdomen.

Así que la recomendación es que cuando la perra tenga el 1º celo se castre, de modo que las posibilidades de tumores mamarios e infecciones de matriz pueden llegar a ser solo del 1%. Otra opción es que se la castre a los 6 meses, antes del primer celo, pero hay más posibilidades de que padezca incontinencia urinaria. Uno de los inconvenientes es que tienden a engordarse por lo que hay que controlar mucho más su peso.

Esta decisión debe ser tomada entre el propietario y el veterinario. 

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