Gatos callejeros

Si te decides a adoptar a un gato callejero debes tener en cuenta que son animales en general han tenido menos contacto con los humanos y por tanto su comportamiento puede ser diferente, pueden ser más ariscos de lo habitual y querer conservar parte de su vida anterior queriendo salir a cazar por la noche.

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También llamados “gatos asilvestrados”, son todo lo contrario a los gatos indoor, es decir, de adentro de una casa. Mayormente los gatos callejeros han sido abandonados por sus antiguos propietarios, se han extraviado por alguna razón en particular (la mudanza de la familia es la más frecuente) o son descendientes de una gata en la misma situación. Suelen tener poco contacto con las personas.

En primer lugar, un gato callejero puede buscar su sustento y guarida, así como también reproducirse, sin la ayuda de los humanos. A su vez, son “beneficiosos” para las ciudades porque se encargan de eliminar ratas que causan muchas enfermedades. Es por ello que se relaciona a los gatos callejeros con algunos padecimientos que luego se transmiten a los gatos domésticos, pero esto no es así en todos los casos.

Los gatos que viven en la calle casi siempre evolucionan a un color más bien gris o parduzco, que les permite confundirse con el medio y cazar más fácil a sus presas. Siempre salen de noche y su estructura social es matriarcal. La madre se encarga de proteger y educar a los gatitos. Los machos cuando tienen entre 6 y 12 meses son “expulsados” y las hembras permanecen unidas.

También pueden vivir solos, aunque normalmente forman grupos, que se denominan “colonias”. Están en sitios donde pueden sobrevivir sin ser molestados o atacados y también en lugares donde se les da de comer o hay abundancia de roedores, como en un basural o en el campo. Los gatos callejeros tienen una dieta carnívora, formada por ratones, roedores, insectos, lagartos y pájaros.

Si estás pensando en adoptar a un gato de la calle debes tener en cuenta algunos aspectos en relación a su comportamiento: es probable que quieran salir de noche a cazar, que sea más arisco que lo habitual, que no quiera hacer sus necesidades en el arenero o que prefiera dormir afuera antes que en una cómoda cama en tu habitación. 

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