Historia del gato. Evolución general

No está muy claro el origen del gato y diferentes teorías apuntan hacia el gato salvaje africano, el Felis silvestris Libyca, o hacia el gato salvaje de la India y Pakistán, el felis ornata, como posibles antepasados de nuestros gatos domésticos.  

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Ambas teorías están de acuerdo con que la domesticación de este felino empezó probablemente hace 10.000 años con el inicio de la agricultura. Cuando el hombre empezó a cultivar campos, los roedores acudieron a esta nueva fuente de comida, haciendo estragos tanto en los cultivos como en los graneros.

 

Con la acumulación de roedores, los gatos también se acercaron al hombre, atraídos por la cantidad de presas. Así, los hombres valoraron la presencia del gato como método de control de plagas, evitando la proliferación de ratas, ratones y demás roedores.

 

Este control tenía la ventaja añadida que no sólo permitía asegurar las cosechas, sino también servía para reducir la propagación de enfermedades típicamente asociadas a estos pequeños roedores, como la peste. Además, el fuerte instinto cazador de los gatos también les convertía en defensores del hogar, eliminando animales potencialmente peligrosos como las serpientes.

 

La teoría más aceptada sitúa la domesticación del gato en el Antiguo Egipto. El ejemplo más claro de la importancia de este animal en la cultura egipcia lo encontramos en la diosa Bastet, que era representada con cabeza de gato. Era la diosa de la fecundidad y la belleza, y además de simbolizar la luz y el calor, también representaba el misterio, la luna y la noche, atributos típicamente asociados con los gatos. Los egipcios consideraban sagrados a los gatos, e incluso los momificaban al morir.

 

Se cree que los fenicios exportaron al gato por toda el Mediterráneo, llegando a Grecia y Roma, donde tradicionalmente se utilizaba a la comadreja como control de roedores. Posteriormente, fue ganando protagonismo como mascota, y fue poco a poco ganando un peso en los hogares tanto por sus dotes de cazador, como por su carácter mucho más sociable que la comadreja.

 

El gato se expandió por toda Europa y Asia, y poco a poco se extendió por todo el mundo, con las únicas excepciones de Australia, Madagascar y la Antártida.

 

Durante la Edad Media se le asoció con todo tipo de simbología negativa y magia negra, y hasta el Renacimiento fue muy mal visto y considerado por la sociedad Europea. A partir de esa época se le vuelve a valorar como animal importante por sus dotes cazadores y se hace imprescindible en lo grandes buques que viajan al nuevo continente para el control de las ratas y las enfermedades asociadas a su proliferación.

En un inicio se reconocieron cuatro razas de gatos, clasificación que se mantuvo hasta mediados del siglo XIX. Se trataba del gato Catus domesticus, Catus angorensis, Catus hispanicus y Catus coeruleus. A principios del siglo XX había 8 razas, y progresivamente fueron apareciendo de nuevas hasta llegar a prácticamente al centenar que podemos encontrar hoy en día.

 

La aparición de nuevas razas viene potenciada por las exposiciones y concursos, que popularizaron al gato como mascota y crearon los estándares para cada raza. A partir de ahí, los aficionados a estos animales fueron creando nuevas razas con rasgos característicos, y la popularidad de estos felinos fue en aumento en todos los continentes.

 

Actualmente podemos encontrar la raza que más se adapte a nuestras necesidades, eligiendo no solo la estética que nos gusta sino también el carácter de nuestra mascota. Tenemos que informarnos bien antes de adquirir una raza específica de gato acerca de sus cuidados y necesidades, ya que hay razas que requieren mucha más atención que otras. Si elegimos bien, tendremos la mascota perfecta para nuestro hogar.  

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