La circulación de agua en el acuario

 La mayoría de los acuarios reproducen biotopos de ríos y riachuelos de todo el mundo, siendo solamente unos pocos los que se basan en hábitats de lago. Pero aun estos exigen en su interior un cierto punto de circulación del agua para conseguir unas adecuadas condiciones de vida para los peces y las plantas.

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La circulación del agua favorecerá la circulación del oxígeno, al ayudar a subir a la superficie el dióxido de carbono que los peces segregan. Una acuario muy plantado efectuará este hecho de forma natural, ya que las plantas acuáticas también transforman el dióxido de carbono en oxígeno.

Sin embargo se debe de promover una circulación de agua artificial. Dejando de lado la existencia de ciertas especies animales cuyo hábitat en la naturaleza son los torrentes montañosos y que por lo tanto necesitan corrientes muy fuertes para subsistir (por ejemplo, las populares cebritas) todos los peces necesitan de un poco de movimiento. Además, una pequeña corriente interna favorece la maduración del acuario, puesto que pone en movimiento la actividad bacteriana del agua. La forma más habitual de conseguirlo es a través de bombas de agua, que provocarán una leve corriente, normalmente regulable, en el interior del acuario. Normalmente este efecto se consigue con los propios filtros, aunque en ocasiones algunos aficionados recurren a bombas autónomas.

La razón es que, dependiendo del número de plantas que tenga el acuario hará falta un mayor movimiento de agua en la superficie o en el fondo. Si el acuario está profusamente plantado y las plantas prácticamente recubren el lecho será necesario articular un movimiento de agua artificial en el fondo del mismo, para conseguir oxigenar esa zona. Si el acuario tiene pocas plantas o estas tienden a ser muy verticales bastará con hacer una pequeña corriente en la superficie.  

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