La gamba filtradora.

 La gamba filtradora, Atyopsis moluccensis, es uno de los habitantes más curiosos de nuestros gambarios. De tamaño medio muy superior al de las red cherry, llegando a sobrepasar los 12 centímetros, estas gambas cuentan con un colorido más apagado que las más pequeñas, pero resultan igualmente interesantes. De tonalidad pardusca y con una llamativa banda blanca en su lomo, estas gambas resultan uno de los habitantes más curiosos del acuario.

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 El nombre de filtradores lo reciben de su forma de alimentarse, algo que realizan con sus dos pares de patas delanteras, situadas justo debajo de su boca, que capturan las partículas en suspensión en busca de alimento. Por ello resulta indispensable que el acuario esté bien maduro para el mantenimiento de una de estas gambas si no queremos que muera de hambre.

 

El acuario que la contenga debe de tener una temperatura algo más elevada de lo normal, de en torno a 27-28 grados, un ph de entre 6.5 y 7.5 y niveles de dureza similares a los de otras especies de crustáceos. Además como éstas necesitan de aporte suplementario ocasional de calcio. El acuario debe de ser relativamente grande debido al tamaño de esta gamba, a partir de 60 litros, por lo que es desaconsejable para pequeños gambarios. También tendrá que tener numerosos escondrijos oscuros. En cuanto a las plantas son indispensables para su desarrollo, puesto que en ellas se crían los microorganismos que componen su dieta. El musgo de java es el más indicado a este efecto, pero también las plantas flotantes resultan adecuadas al respecto.

 

Su desarrollo completo es complicado de lograr en un acuario de agua dulce convencional, ya que estas gambas necesitan de agua salobre en sus `primeros momentos de vida y en los instantes previos al desove. Por ello su reproducción es casi imposible en cautividad.

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