La Leishmania

La Leishmania es una enfermedad transmitida por vectores, en este caso por los mosquitos flebótomos. Es una de las enfermedades más importantes e incluso mortales que afecta a nuestros perros. 

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Es una enfermedad transmitida por vectores, en este caso por los mosquitos flebótomos, los cuales en el Mediterráneo están activos entre abril y octubre aunque con el aumento de las temperaturas de los últimos años, el periodo se está ampliando.

Distribución geográfica

Esta enfermedad se encuentra, sobretodo, en las zonas templadas de Europa (cuenca mediterránea), África (el norte), Asia y América.  De modo que en España, la podemos encontrar con más frecuencia en todas las comunidades que están al mediterráneo pero está extendida en todo el territorio, excepto el norte, donde no es  tan frecuente el mosquito flebotomo.

Taxonomía y prevalencia

La Leishmania es una enfermedad de origen parasitario, concretamente un protozoo del género Leishmania. Existen varias especies que dan lugar a distintos tipos de Leishmaniosis, vistas en diferentes partes del mundo, con diferentes tipos epidemiológicos.  En la cuenca mediterránea, la especie L. Infantum es la responsable de la Leishmaniosis canina. 

Su presencia va unida a sus hospedadores intermediarios que son los mosquitos flebótomos, según donde se vayan desplazando ahí llegará la Leishmania. La actividad de estos mosquitos se produce sobretodo en el anochecer y amanecer y a temperaturas entre 15 – 20ºC, con humedad relativa alta y ausencia de lluvias y vientos. Los flebótomos pueden volar distancias cortas entre 200m y 2,5km y pueden entrar en las casas por las noches ya que son tan pequeños que pueden atravesar las mosquiteras con redes de tamaño estándar.

Localización en el hospedador

Se encuentra en los macrófagos (células que forman parte del sistema de defensa del organismo) y en órganos como ganglios, bazo, médula ósea, hígado y piel.

Ciclo biológico

Su ciclo es indirecto, es decir, necesita un hospedador intermediario para desarrollarse a una forma infectante y de esta forma llegar a su hospedador definitivo donde se reproducirá y provocará la enfermedad, cerrando así su ciclo.

El hospedador intermediario es el mosquito flebótomo donde en su interior alberga la forma flagelada del parásito o promastigote y el hospedador definitivo es el perro donde encontramos la forma sin flagelo o amastigote. 

Cuando la hembra de flebótomo pica a un vertebrado (solo ellas se alimentan de sangre, los machos ingieren plantas) para alimentarse de sangre es cuando intervienen en la transmisión del parásito. Cuando inocula el promastigote en el perro, llega a la dermis y es atrapado por los macrófagos que lo rodean con una vacuola para fagocitarlo (es como si se lo comieran para destruirlo) Si los mecanismos que utiliza el macrófago son los adecuados, el parásito quedará destruido, pero si no es así, el parásito sobrevivirá al ataque y utilizará los propios macrófagos para multiplicarse y distribuirse por todo el organismo, cosa que va a favorecer el inicio de la enfermedad.

De todas maneras, que estén infectados no quiere decir que la enfermedad empiece a avanzar,  lo que decide que avance o no es la eficacia del sistema inmunológico del animal para atacar al parásito, los factores genéticos y la virulencia del agente Leishmania Infantum.  Esta primera barrera de defensa es muy importante.

Importancia clínica

Debemos tener en cuenta que la Leishmania es una importante zoonosis, es decir, puede afectar al hombre.

En el perro podemos encontrar varias formas de presentación de la enfermedad una vez empieza su mecanismo de evolución.

Algunos de los signos clínicos y lesiones que se observan son:

–          Lesiones cutáneas generalizadas de tipo escamoso.

–          Pérdida de peso.

–          Disminución del apetito.

–          Intolerancia al ejercicio.

–          Depresión, debilidad.

–          Síntomas oculares como conjuntivitis, uveítis, hipertensión ocular, desprendimiento de la retina, etc.

–          Sangrado nasal o epistaxis.

–          Signos urinarios como el aumento de la producción de orina (poliuria).

–          Signos gastrointestinales como diarreas o vómitos

–          Ascitis.

–          Uñas muy largas y deformes.

También está muy asociado a la enfermedad el fallo renal, problemas en el hígado, en el sistema respiratorio, en el sistema músculo-esquelético y evidentemente las linfadenopatías.

Podríamos definirla como una enfermedad multisistémica, afecta a muchos órganos y produce signos clínicos muy variables.

Finalmente, podemos nombrar algunos factores que pueden favorecer o no, a la aparición de la enfermedad:

–          Razas: Hay razas más susceptibles a la enfermedad como el Bóxer, Cocker, Pastor Alemán, Rottweiler, Doberman y en cambio el Podenco Ibicenco parece ser más resistente. Esto no impide que todas las demás razas y los mestizos estén exentos de poder padecerla.

–          Edad: se ha observado mayor incidencia en perros con menos de 3 años y más de 8 años.

–          Nutrición desequilibrada o pobre.

–          Carga parasitaria menor o mayor de Leishmania.

–          Virulencia de la cepa del parásito.

–          Situaciones de inmunosupresión

–          Infecciones previas y enfermedades concomitantes que favorecen la aparición de la Leishmania como por ejemplo piodermas, hipotiroidismo, atopias, dermatitis alérgica a la picada de la pulga (DAPP), etc.

De modo que es importante evitar que duerma en la intemperie en la época de actividad del mosquito (de abril a octubre aunque cada vez es más amplio) y sobre todo, si encontramos lesiones en su físico, cambios de comportamiento por inactividad o problemas de salud varios, no debemos dudar en llamar o ir al veterinario, él nos podrá decir si estas anormalidades que vemos en nuestro animal pueden ser producidas por la Leishmania.

Con métodos diagnósticos como frotis de ganglios linfáticos o de médula ósea, citologías de lesiones cutáneas o biopsias cutáneas o de órganos, el veterinario podrá saber de una manera más o menos certera de la posible infección del parásito y de cómo tratarla. 

La mejor actuación para evitar la picada del mosquito flebótomo y por tanto no pueda transmitir a nuestro animal el parásito de la Leishmania, es ponerle a nuestra mascota una pipeta que repele estos mosquitos, una de las marcas que podemos encontrar es Advantix, que nos garantiza 100% su eficacia.  

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