Lhasa apso, conoce la raza, consejos

La raza Lhasa Apso se caracteriza por ser una raza muy autónoma, ya que todo y que puede ser cariñosa, es en cierto modo bastante independiente.

 

No le gusta que la mimen, por lo que se hace raro que a veces se ponga celosa cuando el amo está con niños.

 

En cuanto a sus cuidados, se debe tener en cuenta el cepillado de su pelo frecuentemente y el cuidado de sus ojos.

 

Difícilmente pasará de los 6 kilos de peso, y su rasgo más característico es su pelaje largo, el cual es aprovechado por sus dueños en algunas ocasiones para ponerle colitas.

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Ficha de Raza

El Lhasa Apso es una raza de perro de origen tibetano, de pequeño tamaño, caracterizado principalmente por la gran longitud de su pelo, cuya finalidad principal es evitar la pérdida de calor para soportar las bajas temperaturas y protegerse de la radiaciones solares.

 

Como su nombre indica, el Lhasa Apso es originario del Tíbet (Lhasa es la capital), donde se le considera un símbolo de la buena suerte. No se dio a conocer en Occidente hasta principios del siglo XX. Se supone que la raza apareció hacia el año 800 a.C. de las manos de los monjes y nobles tibetanos, aunque otros creen que su origen no es tan antiguo y especulan que el Lhasa Apso es el resultado del cruce entre el Terrier del Tíbet y el Epagneul tibetano.

 

Carácter – Convivencia – Comportamiento – Educación:

El Lhasa Apso es independiente y en muchos aspectos, su carácter puede parecerse más al del gato. Es bastante desconfiado y reservado pero una vez se le conoce se podrá comprobar que es un perro muy inteligente, tranquilo, juguetón y alegre. No le gusta que lo toqueteen ni que lo traten como un juguete. Es fiel, muy observador y un poco tozudo.

 

Además son perros muy cariñosos con su amo, aunque a veces son muy celosos cuando su amo está con niños pequeños u otros perros.

 

El Lhasa Apso no se muestra muy amistoso con los extraños, prefiere adoptar una postura reservada. Un Lhasa Apso frecuentemente ladrará a cualquiera que se acerque a casa. Más tarde, cuando el visitante haya sido saludado y aceptado por la familia, el perro se sentará a una cierta distancia. Desde este ventajoso lugar, podrá ver lo que sucede a su alrededor, pero sólo se involucrará en las actividades si él así lo decide.

 

Frecuentemente, a un Lhasa Apso le lleva tiempo hacer amigos, pero una vez se decide, la amistad que ofrece es sincera. Siempre es mejor permitirle al Lhasa Apso aproximarse a un invitado cuando sea el momento adecuado. Con esto conseguiremos una relación que al final será más feliz.

 

Con su familia y sus propietarios, un Lhasa Apso se muestra muy devoto, pero no todos disfrutan de los mimos tanto como les gustaría a algunos propietarios.

 

Se puede adiestrar a los Lhasa Apso para la obediencia, pero tienen una vena tozuda y no siempre responden a las órdenes tan rápidamente como uno desearía.

 

Aunque muchos Lhasa Apso se llevan bien con otros perros, hay algunos que no. Esto depende en gran medida de la cría y del entorno, y el sexo juega muchas veces un papel importante respecto de quién se lleva bien con quién.

 

 

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Cuidados y Salud:

El pelaje del Lhasa Apso requiere un cuidado regular y a conciencia, son necesarias varias horas a la semana de cepillado para evitar nudos e irritaciones en la piel. Sus ojos son bastante delicados y se recomienda que se limpien a diario con un algodón mojado.

 

A pesar de ser un perro hogareño al que le gusta tumbarse y descansar, el Lhasa Apso agradece el ejercicio y las salidas diarias.

 

Es un perro glotón y hay que tener un control riguroso sobre las calorías que ingiere.

 

El Lhasa Apso goza de muy buena salud aunque en algunos casos podría padecer displasia de cadera, problemas renales, problemas oculares o úlceras.

 

 

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Historia:

Se dice que el Lhasa Apso existía hacia el año 800 aC, pero no hay pruebas documentales de esto, ya que no existen registros históricos hasta el año 639 dC. El budismo se propagó desde la India hasta el Tíbet durante el siglo VII. En esta fe, el león, en sus varias formas mitológicas, juega un importante papel. El buda Manjusri, el «iluminador del recto camino», se cree que viaja como un sencillo monje acompañado por un perro pequeño. Este perro, aunque no es un Lhasa Apso, puede transformarse instantáneamente en un león para que el buda pueda viajar montado en su espalda.

 

De todas formas es el león de las nieves considerado como el rey de los animales, y es con esta mitológica fiera blanca con la que está más cercanamente relacionado el Lhasa Apso. Se cree que el león de las nieves es tan poderoso, que cuando ruge aparecen siete dragones en el cielo.

 

A veces se ha dicho que los Lhasa Apso eran animales sagrados, pero esto no es así. Desde luego, se tenían en los monasterios, en primer lugar para que ladraran para avisar a los monjes si alguna vez entraban intrusos o si huéspedes no invitados lograban esquivar los enormes Dogos Tibetanos sujetos por una correa que estaban fuera. De todas formas, la raza era tenida en muy alta estima.

 

Históricamente, los perros nunca eran vendidos, sino ofrecidos como regalo, ya que se cree que los Lhasa Apso albergan en su interior las almas de los monjes que pecaron durante sus vidas anteriores. Estos perros también eran dados como ofrenda para tener un buen viaje del Tíbet a China, ya que las travesías en caravana eran muy largas y duraban de ocho a diez meses.

 

Aunque los tibetanos siempre han distinguido entre el «verdadero» león y el perro-león, nunca han sido muy claros en la denominación de sus razas. Sin duda, hubo cruces entre las varias razas tibetanas. Incluso hoy día es posible cruzar entre sí dos Lhasa Apso con su pelaje completo y dar lugar a uno o más cachorros que parecen Spaniels Tibetanos de pura raza. Esto puede parecer chocante, pero es claramente un salto atrás hacia los viejos tiempos. Es interesante apreciar que los tibetanos llaman «Apsok» a todos los perros con el pelaje largo, lo que complica todavía más el problema cuando tratamos de averiguar la historia de las razas tibetanas.

 

La palabra «Apsok» o «Apso» es también usada para describir al Terrier Tibetano, un primo de piernas largas del Lhasa Apso. Somos nosotros, los occidentales, los que nos hemos atrevido a añadir la palabra «Lhasa» al nombre de este perro, aunque es evidente que era necesario para marcar una divisoria entre las varias razas tibetanas. Cuando estas razas llegaron a Gran Bretaña, hubo una gran confusión entre ellas.

 

En el pasado lejano parece que el Lhasa Apso desciende de los perros de pastor europeos y asiáticos, incluyendo al Puli húngaro y al Pumi. Desde luego, la raza manifiesta una relación muy estrecha con dos razas tibetanas: el Terrier Tibetano y el Spaniel Tibetano, y una relación próxima con el poco conocido Damchi, del vecino Bután. Otra raza cercanamente emparentada con el Lhasa Apso es el Shih Tzu: debido al muy similar aspecto externo, las dos razas se confunden, incluso hoy día. De todas formas, el Shih Tzu tuvo sus orígenes en China, aunque sus raíces se remontan al Lhasa Apso del Tíbet.

 

Se ha citado, de forma errónea y demasiado frecuentemente que el Lhasa Apso llegó por primera vez a Gran Bretaña en 1928, pero ya estaba presente allí desde mucho antes. La primera información acerca de su presencia en las islas data de 1854 y, desde luego, había ya muchos ejemplares al entrar en el siglo XX. A pesar de todo, había una gran confusión en lo relativo a los nombres de las razas, y los Lhasa Apso y los Terriers Tibetanos se encontraron con que se les llamaba muchas veces Tibetan, Kashmir (Cachemira), Bhuteer o Lhassa Terrier, e incluso Caniches Tibetanos. Al remontarme a los registros de la raza, he encontrado que varios cachorros de camadas concretas fueron inscritos en el libro de orígenes bajo distintos nombres de raza, lo que complica el problema hasta límites insospechados.

 

Debido a que había tanto Lhasa Apso como Terrier Tibetanos en Gran Bretaña en esos tiempos, algunos fueron descritos como pequeños como los Terrier de Malta, pero otros que eran grandes como Caniches Rusos. Las discrepancias eran debidas a que había, por supuesto, más de una raza. Algo que todos los perros tenían en común era que sus colas estaban curvadas sobre su dorso, característica muy tibetana de varias razas que conocemos hoy día.

 

Existen algunas historias encantadoras acerca de los primeros Lhasa Apso que salieron del Tíbet. Sabemos de uno que fue llevado en una mochila a lo largo de muchos kilómetros, con un acompañante que iba envuelto en una vestimenta de color turquesa. De todas formas, los Lhasa Apso no sólo pertenecían a las personas muy ricas: uno llamado Tuko fue comprado en un carro del mercado, cuyo contenido estaba dispuesto a defender hasta la muerte.

 

La Honorable Mrs. McLaren Morrison importó varias razas extranjeras a Gran Bretaña. Uno de los varios Lhasa Apso de los que fue propietaria se llamaba Bhutan, y era conocido porque pedía dinero en las exposiciones caninas para los fondos de la guerra. Incluso se sabe que la princesa Alexandra, espectadora regular y entusiasta de las exposiciones caninas, comentó que aquel perrito parecía pedir dinero para irse de la exposición. Tristemente, Bhutan contrajo el moquillo y su propietaria dijo «…murió en su puesto, por así decirlo». Según cuentan, se mantuvo de pie casi hasta al final, pero se caía sentado, hasta que finalmente volvió a casa para morir.

 

La raza conocida hoy día como Lhasa Apso consiguió el estatus de campeonato en Gran Bretaña en 1908, aunque en ese tiempo fue exhibida en diferentes categorías para dos tamaños diferentes, para dar también cabida al Terrier Tibetano. Uno de los primeros campeones de la raza, Ch. Rupso, fue importado desde Shigatse en 1907. Cuando murió, su cuerpo fue embalsamado y conservado en el Museo Británico de Tring: hasta el día de hoy, Rupso sigue estando etiquetado en el museo como «Terrier Tibetano», aunque desde luego era un Lhasa Apso, y su altura a la cruz es de 25 cm.

 

Los años de la primera guerra mundial se cobraron su tributo sobre la raza, y el Lhasa Apso se encontró entre las muchas razas que lucharon por sobrevivir. En 1921, el coronel Bailey sucedió a sir Charles Bell como dignatario político para el Tíbet, y el coronel Bailey y su esposa se trajeron al Lhasa Apso a su vuelta a Gran Bretaña en 1928. Éste fue el comienzo de una época traumática, ya que poco tiempo después se importaron Shih Tzu a Gran Bretaña provenientes de China, y al principio había gente que pensaba que se trataba de la misma raza que el Lhasa Apso.

 

Al principio, estos perros fueron expuestos juntos en las mismas categorías, pero se notaban las diferencias entre ellos. La longitud de la cara era especialmente notoria, lo que condujo a lo que se vino en llamar «la guerra de los hocicos». Las señoras y los caballeros de aquellos tiempos, entusiasmados con las razas del Tíbet y de China, se enzarzaron en un acalorado, aunque educado, debate. El Kennel Club también se vio involucrado. Al final se resolvieron las diferencias, y en 1934 se expusieron los estándares para los perros tibetanos: el Lhasa Apso, el Terrier Tibetano, el Spaniel Tibetano y el Dogo Tibetano. El Shih Tzu fue clasificado como una raza diferente y no se vio representado por la Tibetan Breeds Association (Asociación de Razas Tibetanas), de nueva fundación.

 

El Lhasa Apso se había asentado firmemente, pero sin poderse comparar con el nivel de popularidad que tiene hoy día. En 1935 sólo 12 ejemplares fueron inscritos en la exposición canina Crufts, lo que nos da una idea de lo poco que se conocía en esos tiempos.

 

Un americano llamado Suydam Cutting envió cuatro perros a Su Santidad el Dalai Lama, a modo de regalo. Como consecuencia, se desarrolló entre ellos una amistad por correspondencia, y en 1933, S. S. el Dalai Lama envió dos Lhasa Apso a Mr. Cutting y a su esposa. Les siguieron dos Lhasa Apso más, y más tarde, en 1950, el 14º Dalai Lama les envió otro par. El último par, Le y Phema, se convirtieron en campeones americanos. Aunque otras personas también desempeñaron un papel importante en los primeros tiempos del Lhasa Apso en los EE.UU., fue sobre todo gracias a los Cutting y a sus criaderos Hamilton cómo entró en el mundo de las exposiciones americanas.

 

El estándar americano fue redactado en 1935, pero durante los primeros años también hubo confusión. Entre 1937 y 1950, algunos perros habían sido importados a los EE.UU., donde habían sido inscritos, de buena fe, como Lhasa Apso. Desgraciadamente eran, de hecho, Shih Tzu. Durante esos años, y antes de que se conociera su verdadera identidad, se había hecho criar a algunos de ellos. Como consecuencia, muchos Lhasa Apso americanos llevan sangre Shih Tzu en su pedigree, aunque esto no se aplica a todos ellos, ya que algunas líneas no se vieron afectadas por estos cruces.

 

Durante la segunda guerra mundial hubo una gran escasez de programas de cría, y en Gran Bretaña mucha gente tuvo que sacrificar sus perros. Afortunadamente, se vio que para las razas menos conocidas estas medidas tan drásticas hubieran sido desastrosas. Así pues, a los criadores de Lhasa Apso se les urgió a que hicieran todos los esfuerzos posibles para ayudar a sus razas a sobrevivir en esos tiempos difíciles, siempre que sus perros no consumieran alimentos que pudieran privar de comer a las personas.

 

Entre 1939 y 1944, en el libro de orígenes sólo fueron inscritos diez nuevos cachorros, y a finales de los años 40, la importante línea Cotsvale, de miss Marjorie Wild, fue barrida por el moquillo. Por suerte, la raza logró sobrevivir mediante algunos perros de las líneas Ladkok y Lamleh, que descendían de las importaciones provenientes del Tíbet de los Bailey. Se vio con claridad que las líneas habían menguado y que tenían que ser reconstruidas. Sólo un puñado de Lhasa Apso de pedigree bastante desconocido fueron importados del Tíbet antes de que los chinos prohibieran la exportación de perros desde el país.

 

El número de inscripciones en el Kennel Club había aumentado gradualmente, y hacia 1956 se vio que la raza era lo suficientemente fuerte como para separarse de la Tibetan Breeds Association y formar su propio club. Este hecho significó el nacimiento del Lhasa Apso Club, incluso aunque sólo hubiera 27 miembros en la primera asamblea general y que menos de la mitad de ellos fueran propietarios de Lhasa Apso.

 

En 1959 su nombre fue cambiado por el de Apso Tibetano, ya que ésta era la única raza que no llevaba el nombre del país de origen. De todas formas, el cambio no duró mucho, ya que, algunos años después, hacia 1970 el nombre cambió de nuevo al de Lhasa Apso.

 

En mayo de 1964, el Kennel Club inglés anunció que el número de inscripciones de Lhasa Apso era suficiente como para que se restableciera el estatus de campeonato para la raza. La primera serie de Certificados de Desafío (Challenge Certificates o CC) se ofreció en 1965, y en ese año se dieron nueve series. El primer Lhasa Apso en ganar un título de campeón tras la guerra, mediante la obtención de tres CC bajo jueces diferentes, fue Brackenbury Gunga Din of Verles, propiedad de Mrs. Daphne Hesketh Williams. Gunga Din obtuvo su tercer CC (que fue el que le dio el título de campeón), en el West of England Ladies Kennel Society (WELKS), bajo la jueza Miss Wild (Cotsvale), que había tenido Lhasa Apso desde principios de siglo.

 

La ganadora del CC para Hembras en esa misma exposición fue Beryl Harding´s Brackenbury Chigi-Gyemo, que fue la primera que obtuvo su título de campeona, un logro que se repitió más adelante durante ese mismo año.

 

Desde entonces la raza ha crecido con fuerza en Gran Bretaña y es una de las más populares del grupo de utilidad, ocupando el lugar número 20 de popularidad de entre todas las razas en términos de inscripciones en el Kennel Club (según la clasificación de la FCI, pertenece al Grupo de los Perros de Compañía).

 

La raza alcanzó un punto máximo cuando Ch. Saxonsprings Hackensack ganó el Best in Show en la exposición Crufts en 1984, y cuando Ch. Saxonsprings Fresno y Ch. Saxonsprings Tradition ganaron el Mejor Perro de entre Todas las Razas (Top Dog All Breeds) en 1982 y 1998 respectivamente.

 

El Lhasa Apso ha causado un impacto significativo en el mundo de las exposiciones caninas en muchos países, con muchos aficionados entusiastas en casi cada rincón del mundo. La autora ha tenido la suerte de juzgar esta raza en lugares tan lejanos como Australia y Escandinavia, y ha encontrado ejemplares de alta calidad en ambos lugares.

 

En los países en los que el Lhasa Apso no es quizá tan fuerte, numéricamente hablando, el entusiasmo de los criadores parece igual de vibrante, ya que esta raza tan singular y entrañable tiene admiradores allá donde se encuentre. Ahora hay incluso un único ejemplar de Lhasa Apso en Islandia, y esta afortunada perra se siente como muy en casa en ese país tan nevado.

 

Los Lhasa Apso todavía viven, por supuesto, en su país de origen y en las regiones del Himalaya colindantes, donde continúan siendo muy apreciados. Uno sólo puede esperar que la raza no se vuelva tan excesivamente atractiva en Occidente como para que los tibetanos ya no reconozcan a esta raza tan suya y que ha compartido sus vidas durante tantísimas generaciones.

 

Apariencia General:

El Lhasa Apso es pequeño, robusto y musculoso. Tiene una altura a la cruz de 23 a 27 cm y un peso que oscila entre los 5 y 7 kg.

 

Tiene una larga y abundante cabellera recta y de textura dura. Las orejas son caídas y con abundantes flecos y la cola es de implantación alta y llevada sobre la espalda. El color más común es el leonado pero también puede ser color arena, miel, dorado, negro, gris, blanco y particolor (blanco con otro color).

 

Su cabeza suele ser muy admirada, pero el gran flequillo de la cabeza oculta, en cierta manera, la encantadora expresión tibetana. En el ring de exposición el pelo siempre se lleva caído, pero en casa, la mayoría de los propietarios atan el pelo en dos mechones, uno a cada lado de la cabeza. Esto ayuda a que el pelo de la cara se mantenga razonablemente limpio, evita la rotura de las puntas de los pelos y hace que el perro pueda ver con más facilidad. No siempre se aprecia, pero las pestañas del Lhasa Apso son muy largas, y ello impide que el pelo entre en los ojos.

 

Obviamente, en su país de origen el pelo nunca se ataba en mechones. En lugar de eso, el pelo que caía desde la cabeza actuaba como protección contra la fuerte luz del sol y el color blanco de los terrenos que estaban nevados.

 

Dado que tanta gente confunde al Lhasa Apso con el Shih Tzu, es necesario explicar que la forma de la cabeza de estas dos razas es bastante diferente. El cráneo del Lhasa Apso es más estrecho que el del Shih Tzu, y sus ojos son menos redondeados y por lo tanto no tan prominentes. La trufa del Shih Tzu es más corta que la del Lhasa Apso: en este último mide alrededor de 4 cm. También existen diferencias en cuanto al cuerpo. La caja torácica del Shih Tzu tiene una forma más de barril que la del Lhasa Apso, y el primero tiene el cuerpo algo más cercano al suelo.

 

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