Mastín napolitano, conoce la raza, consejos

La raza Mastín Napolitano se caracteriza por su tranquilidad. Sus 70 kg y su morro caído lo hacen un perro muy peculiar y que despierta ternura.

Son perros fieles y nada peligrosos, más bien destacan por su pacifismo.

Es importante cuidar bien de la higiene del Mastín Napolitano para evitar infecciones por los pliegues formados por su piel.

Son perros pesados por su tamaño, lo que no quiere decir que sean lentos. Eso sí, su período de maduración es de los más largos, pues su crecimiento es más bien lento. No se le considera adulto hasta los tres años de edad.

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El Mastín Napolitano es una raza de perro grande descendiente del antiguo Moloso romano.

El Mastín Napolitano tiene fama de ser un terrible guardaespaldas. No es una afirmación infundada, ya que en otros tiempos se le utilizó para luchar contra gladiadores y fieras o para acompañar a los bandoleros del sur de Italia. Pero a pesar de este pasado belicoso no es un perro agresivo, la razón de que este perro responda a las órdenes del hombre es la necesidad que tiene de moverse.

El Mastín Napolitano desciende del Mastín del Tíbet y se intuye que llegó a las costas napolitanas hacia el siglo IV a.J.C. Debido a su descomunal fuerza, los romanos los utilizaron en peleas, como bestias de carga y también como perros guardianes. La historia de esta raza sigue los pasos de la del imperio romano. Con la caída de éste casi desaparecieron, y no fue hasta 1946 que se tomaron medidas para salvaguardar el futuro de la raza.

Carácter – Convivencia – Comportamiento – Educación:

Es un perro obediente, tranquilo, inteligente y amistoso. Sólo ataca en caso de orden o cuando se le provoca. Este Mastín es receptivo al adiestramiento pero hay que empezar su educación muy pronto, cuando el cachorro es todavía muy maleable. Tiene un fuerte instinto de protección.

El Mastín Napolitano es un perro fiel, pacífico y estable, no agresivo ni propenso a morder sin una buena razón. Gran guardián de la propiedad y de sus habitantes, es inteligente, vigilante, noble y majestuoso. No es infrecuente que sea obstinado, testarudo, independiente, voluntarioso y, a veces, tímido; sin embargo, los perros tímidos no deben destinarse a la reproducción. Perro cauteloso con los extraños y compañero amoroso para con su propia familia, el Napolitano necesita sociabilización, a fin de acostumbrarlo a diferentes personas, lugares y circunstancias. La mayoría de ellos prefieren ser caseros y no les gustan los cambios. La relación social con la gente es una necesidad, por lo que debe ser llevado fuera de sus predios y tocado y acariciado por tantas personas como sea posible cuando aún es un cachorro. Cuando la interacción resulte positiva, hay que llenarlo de elogios.

La mayoría de los propietarios temen que altos niveles de sociabilización disminuyan su instinto como perro de guarda, pero nada está más lejos de la verdad. Este rasgo ha sido fijado en esta raza de perro durante siglos y no se modifica tan fácilmente. No obstante, es un imperativo que el dueño de un Napolitano nunca olvide los instintos naturales, fuertes y primitivos de su perro. Para poder criar a un buen ejemplar canino, el amo tiene siempre que estar alerta acerca de los pensamientos y de la conducta de su perro y sumar a esto una disciplina coherente y responsable, sin olvidar que sus reacciones son imprevisibles.

Debido al amor que siente este perro por su casa y su familia, no será dado a vagabundear. Para él, su amo lo es todo y prefiere estar con él que hacer cualquier otra cosa. Es un perro que prefiere la compañía de su amo que la de otro perro o animal. Su Mastín Napolitano le seguirá a usted de habitación en habitación para tumbarse a sus pies y esperar su próximo movimiento. Para él, su amo es su mundo. Dicho esto, no nos sorprenderá que sea leal hasta el exceso. Unas pocas palabras agradables y unas cuantas palmadas cariñosas harán que usted se gane el amor del perro para toda la vida.

Por naturaleza, los Napolitanos son perros dominantes y se les debe tratar teniendo esto presente. Es importante recordar que cada miembro de la familia, incluyendo los niños, tiene que exceder en rango al Napolitano en su posición como miembro del grupo. La mayoría de Napolitanos adoran a los niños y no los dañarían a propósito, pero, debido a ser perros de gran tamaño, pueden derribar a un niño pequeño y, quedar sobre él.

Generalmente, los Napolitanos son perros tolerantes con otros animales, pero no es recomendable que comparta la casa con otro perro dominante. Si se aloja juntos a dos Napolitanos del mismo sexo, puede que sea necesario separarlos cuando uno pretenda dominar al otro. Al poner juntos una hembra y un macho, es ella generalmente quien toma el mando, si es que el macho admite convertirse en un subordinado.

Debido a su amor por la caza, el Napolitano perseguirá con frecuencia a corredores y ciclistas, aunque también se le conoce por su afición a cazar gatos y otros animales de movimiento rápido, como los conejos. Ésta es la razón por la cual es importante que sea adiestrado en obediencia y que su energía sea debidamente canalizada. La clave es tener constancia con el perro.

Los Napolitanos son perros que adoran mascar, así que, para aliviar este problema, es necesario proveerlos de varios tipos de huesos que no sean peligrosos, y de juguetes adecuados. Sin embargo, hasta que no sea posible dejar al perro solo en casa, es recomendable poner en práctica el adiestramiento con jaula.

Debe decirse que el Napolitano es el más sucio de todos los comedores. Sus belfos abundantes y sus enormes labios desparraman la comida por doquier, además de retener bocados escondidos mucho después de haber vaciado su plato. También necesitan cantidades significativas de agua y de comida y, con tanto comer y beber, viene el babeo. Todos los Napolitanos son perros que babean en alguna medida. Esta baba es una saliva espesa y viscosa que tiene la consistencia de la clara del huevo.

El Mastín Napolitano es un perro guardián por naturaleza. Tratar de separar el perro de compañía del perro de trabajo, en esta raza, es imposible. Él está siempre de guardia –es su trabajo– y también lo estará mientras acompaña a su dueño.

El Napolitano se toma muy en serio su tarea como perro de trabajo. Su apariencia fiera y su cabeza en forma de gárgola son argumentos bien disuasivos para intrusos y ladrones. Aunque aparenta ser lento y pesado, puede transformarse en un instante, cuando se trata de proteger su propiedad o de cumplir con sus obligaciones. Sin embargo, en general, es un perro de temperamento estable, que adora enroscarse para dormir en el sofá y reservar su energía para los momentos realmente necesarios.

Son perros pesados para su altura, por lo que se fatigan y acaloran fácilmente. A la mayoría de los Mastines Napolitanos les encanta nadar y la natación constituye para ellos una buena forma de ejercicio, porque resulta suave para sus miembros y articulaciones. Nunca se debe ejercitar demasiado a los cachorros, porque se dañarían sus articulaciones y ligamentos y, con ello, también su esqueleto. Para un cachorro pequeño, bastan los paseos cortos, y se deberá evitar que suba muchas escaleras. Los Napolitanos son perros que tienen una gran tolerancia ante el dolor y, por eso, las lesiones pueden pasar inadvertidas y no recibir, por consiguiente, el tratamiento adecuado.

Cuidados y Salud:

El crecimiento del Mastín Napolitano es largo (llega a la edad adulta a los 3 años) y es muy importante (multiplica por cien su peso al nacer). Esto exige una alimentación muy elaborada tanto en calidad como en cantidad.

Esta raza de perro requiere muchos cuidados, es necesario limpiar la cara al perro después de cada comida y los pliegues de piel suelta exigen baños frecuentes para evitar infecciones.

El Mastín Napolitano, como todos los perros grandes, puede verse afectado por la displasia de cadera, de codo, la torsión de estómago o artritis. También se observan, a veces, problemas de inversión de párpados.

Uno de los rasgos particulares de esta raza de perro es su piel suelta y llena de arrugas. A pesar de lo que pueda sugerirnos su apariencia, este perro no sufre, generalmente, problemas cutáneos. Si se le mantiene limpio y libre de parásitos, no debe presentar problemas.

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Historia:

Tanto el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York como el Museo de Arte de Chicago poseen sendas piezas de terracota de origen mesopotámico cuya apariencia se asemeja mucho a la del moderno Mastín Napolitano. La primera representa a un perro sentado con pliegues en la piel, con mandíbulas y hocico poderoso, y orejas amputadas. La segunda muestra una hembra con el mismo tipo de cabeza y la misma fortaleza, criando a cuatro cachorros.

En el Museo Británico se exhibe un objeto de terracota de origen asirio que data del siglo IX antes de Cristo y que representa a un perro con su amo sosteniéndole del collar. El perro tiene sus orejas implantadas en lo alto del cráneo, una cabeza maciza llena de arrugas, una gran papada que se extiende desde la parte inferior del hocico hasta la mitad del cuello y un cuerpo rectangular de constitución poderosa sostenido sobre patas anchas. La cruz del perro alcanza la altura del cinturón de su amo, lo que da una medida de su gigantesca talla.

Pero es mejor empezar esta historia a partir de los sumerios, quienes criaban perros grandes y poderosos para utilizarlos tanto en las batallas como en la caza de leones y de otras fieras. La característica principal de estos perros era su hocico fuerte y corto, su cabeza inmensa y poderosa, las patas musculosas, los huesos pesados y un cuerpo a la vez pesado y de gran altura. Estos perros deben ser considerados como antiguos descendientes del Dogo del Tíbet, el cual, según las autoridades del caso, es el precursor de todos los perros molosos. En su calidad de viajeros, los sumerios extendieron estos perros por Mesopotamia 2000 años antes de Cristo. Eran molosos que se criaban y utilizaban para proteger las propiedades y también para guardar el ganado contra el ataque de los leones.

Después de expandirse por el norte, el este y el oeste, estos perros llegaron, con el tiempo, a los fenicios. Alejandro Magno tenía muchos molosos y regaló a varios de ellos para que fueran llevados a Macedonia.

Durante su campaña en las Islas Británicas, en el siglo V a.C., Julio César encontró unos perros de inmensa estatura y gran ferocidad que él llamó Pugnaces Brittaniae. Se impresionó tanto con ellos que, a su regreso, se llevó algunos a Roma. La presencia de estos perros en las Islas Británicas confiere crédito al hecho de que fueron los fenicios quienes los esparcieron por la zona del Mediterráneo y otras zonas del oeste.

En la época de los romanos los perros eran utilizados como armas de guerra y también en el circo, donde se les ponía a luchar contra animales salvajes.

En los grandes coliseos, los molosos y sus adiestradores luchaban contra otros mastines y adiestradores. Los molosos también protegían las villas romanas. Después de la caída del Imperio Romano, se formaron los distintos países europeos y los descendientes de aquellos perros tomaron los nombres de sus lugares de residencia. Los que se quedaron en la región cercana al Vesubio se acomodaron a la tierra y a su gente. En los tiempos del Renacimiento, el mastín era usado para la caza de animales grandes y también como perro de guarda.

En el siglo primero después de Cristo, el autor latino Columela escribió sobre el mastín romano en su obra De re rustica. Decía que, por entonces, este perro era el guardián de la casa, «…porque un perro oscuro tiene una apariencia más aterradora y durante el día puede hacerse notar, y asustar con su apariencia al merodeador.

Cuando cae la noche, el perro, perdido en las sombras, puede atacar sin ser visto. La cabeza es tan maciza que parece la parte más importante del cuerpo. Las orejas caen hacia el frente, los ojos brillantes y penetrantes son negros o grises, el pecho es profundo y peludo, los hombros son anchos, las patas son gruesas, y la cola, corta, las patas traseras son poderosas y, sus uñas, fuertes y grandes. Su temperamento no puede ser ni muy noble ni muy feroz y cruel; mientras que lo primero lo haría demasiado apto para aceptar a un ladrón, lo segundo lo predispondría a atacar a las personas de la casa.» Estas palabras, aunque fueron escritas 2.000 años atrás, se ajustan al actual Mastín Napolitano. Columela sigue diciendo, «No importa que los perros guardianes de la casa tengan cuerpos pesados y que no sean de paso ligero. Ellos nacieron para cumplir su tarea en un lugar reducido y no necesitan correr lejos».

De este modo, nos dice que los molosos se criaban para ser grandes y pesados ya que así eran capaces de derribar a un animal o a un hombre y no eran propensos a andar vagando lejos de sus hogares y de sus deberes como guardianes. Se dice que, en tiempos muy antiguos y con el mismo propósito, los dueños de los perros les cortaban los dedos para convertirlos intencionadamente en minusválidos. El moloso italiano permanece virtualmente inalterado desde los tiempos de Columela hasta el día de hoy.

El moloso italiano permaneció circunscrito a los campos de su país durante siglos, por lo que se preservaron su temperamento y singularidad. Estos molosos fueron criados y conservados en la región napolitana sin salir de su entorno. Reliquias de un tiempo muy lejano, sin documentos escritos que permitan definir sus líneas de sangre, fueron sacados a la luz hacia los finales de la década de 1940. En 1949, Piero Scanziani produjo este mismo perro, que fue rebautizado entonces como Mastín Napolitano.

Junto con otros amantes de los perros, Scanziani se entregó a la monumental tarea de escribir el estándar y determinar cuáles de estos perros deberían ser usados para la cría. Muchos ejemplares de estos perros fueron medidos y examinados, y todo lo que encontró fue registrado. Finalmente, con un estándar escrito en la mano, el Mastín Napolitano fue reconocido como raza de perro por el Ente Nazionale della Cinofilia Italiana (ENCI), que es la asociación canina de Italia.

En determinado momento surgió un debate acerca del nombre escogido para esta magnífica raza de perro. Algunos de sus fundadores optaron por el de «Moloso Romano» en honor de aquél; otros deseaban llamarla «Mastín Napolitano» para honrar a la región y a las personas que la mantuvieron viva durante siglos. Al final, el nombre quedó como Mastino Napoletano aunque, según mi parecer, el de «Moloso Romano» describe mejor a este perro que sobrevivió durante miles de años.

Entre los años 1949 y 1960 se realizó alguna cría. Y se fijó el tipo de la raza, que era algo diferente al de los perros actuales. Con un aspecto menos arrugado y de piel más apretada, la raza comenzó su evolución. Durante la década de 1970 salieron a la palestra muchos de los mejores perros, como Ch. Sansone I di Ponzano, Ch. Leone, Ch. Socrates di Ponzano, Ch. Madigam della Grotta Azzurra y Falco della Grotta Azzurra, por citar sólo algunos de los que imprimieron su tipo en la raza y, no sólo en Italia, sino también en Francia y en otros países europeos.

A finales de la década de 1970, 16 ejemplares prominentes fueron llevados a Alemania donde, por alguna razón desconocida, la cría se interrumpió. Estos 16 Mastines fueron 10 perros y 6 perras. Los machos importados desde el norte de Italia fueron: Int Ch. Enea di Ponzano e Int./Ital. Ch. Aronne. Los restantes ocho, que llegaron desde el sur de Italia, fueron: Ital. Ch. Mason della Grotta Azzurra, Attila della Grotta Azzurra, Unno, Sarno, Oro, Ur, Nerone y el Ital. Ch. Califf della Dea Partenopea. Las hembras, Teresina della Casa Lazzarone e Int. Ch. Gilda di Ponzano, procedían del sur de Italia mientras que las otras cuatro restantes, Bundessiegerin Romana della Grotta Azzurra, Europasiegerin Medea della Grotta Azzurra, Valeria della Grotta Azzurra y Europasiegerin Pacchiana, provenían, en principio, del norte.

Muy pocos perros nacieron de estos excelentes ejemplares; de hecho, sólo Enea fue utilizado hasta cierto punto en un programa de cría. Hasta el día de hoy, la causa de ello permanece ignorada, aunque algunos creen que aquella importación masiva causó divisiones. Cuatro alemanes la llevaron a cabo con el fin de mejorar la cría del Mastín en Alemania, mientras que otra pequeña fracción hizo todo lo que pudo para impedir que este proyecto tuviera éxito y lo consiguió.

Los inmigrantes italianos llevaron algunos perros de esta raza a los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX, pero el importador principal y fundador de la raza en aquel país fue Michael Sottile, senior, presidente y fundador del Neapolitan Mastiff Club of America (IMCA), en los años de 1970. Se dice que, en 1902, el abuelo de Michael había introducido cuatro cachorros de contrabando en los Estados Unidos. Junto con Michael Sr., las señoras Jane Pampalone y Joan (Moran) White, tuvieron un importante papel en la promoción de la raza en las exposiciones de perro y leayudaron a ganar popularidad.

En la década de 1980 algunos cachorros fueron exportados desde Italia hacia otros países, incluyendo los Estados Unidos. Este país vio entonces florecer a varios perros magníficos como El Gavilan della Altafiumara, Mosé, Squarcione, Zimbo della Zacchera y Hatrim y Frazier della Grotta Azzurra, sólo por mencionar a unos cuantos.

Toda Europa, incluyendo a Bélgica, Hungría, Holanda y Yugoslavia, recibieron importaciones y, aún hoy, en aquellos países se producen excelentes perros. Durante los diez últimos años, más o menos, se ha extendido el conocimiento de la raza, tanto en Australia como en Inglaterra.

Los largos periodos de cuarentena que aún se exigen en algunos países dificultan, desde el punto de vista financiero, la importación de cachorros o de pies de cría de mayor edad, aunque hay que decir que nunca faltan los criadores que se esfuerzan.

Actualmente, el Mastín Napolitano está experimentando un gran auge en los Estados Unidos, por lo que cada vez hay más perros, que viven en perreras o en hogares inadecuados, en busca de un nuevo alojamiento.

Al verdadero criador de Mastín Napolitano se le designa con la palabra italiana mastinari, término que alude al conocedor y artista de la raza, cuya sangre, sudor y lágrimas han terminado por criar y producir Mastines que pueden ser considerados como magníficos. Este término no se aplica a los noveles ni se ha aplicado jamás ligeramente a cualquier criador individual. La verdadera misión y el único objetivo del verdadero mastinari es el Mastín Napolitano ideal. Nosotros debemos rendirles homenaje por preservar a esta antigua y noble raza.

Apariencia General:

El Mastín Napolitano es un perro pesado, musculoso y rechoncho. Tiene unos ojos de expresión penetrante. Las orejas son pequeñas, triangulares y cuelgan pegadas contra las mejillas, aunque en algunos países se las suelen cortar. La cola es gruesa en la raíz, aunque es normal que sea amputada en un tercio de su longitud.

Este perro tiene una forma de andar lenta y pesada, muchas veces comparada con la de un oso.

La palabra «macizo» es la que mejor describe al Mastín Napolitano. El macho típico, que es un perro grande y poderoso, de cráneo macizo y braquicefálico, cabeza arrugada, huesos inmensos y cuerpo fornido, pesa entre 60 y 70 kilogramos y mide entre 65 y 75 centímetros a la cruz. La hembra es un poco más pequeña y pesa entre 50 y 60 kg. El Napolitano no es el más alto de todos los perros, pero en relación con su primo el Mastiff Inglés, parece ser, a menudo, más ancho y macizo, aunque más ligero. El perro adulto alcanza su altura límite alrededor del año de edad, aunque algunos ejemplares pueden crecer un par de centímetros o más después de haber cumplido el año.

El peso que corresponde a un perro adulto generalmente no se alcanza hasta que el perro tiene entre tres y tres años y medio de edad, y a veces más. Como todas las razas de perro gigantes, el Napolitano es lento para madurar y su etapa como cachorro es larga. No se le considera maduro hasta que no ha cumplido los tres años. Por desgracia, este maravilloso perro, al igual que pasa con otras razas de perro gigantes, no tiene una vida larga. La esperanza de vida del Napolitano es de entre ocho y diez años.

Este perro tiene una capa densa, corta, firme y dura, de largo y tersura uniformes en todo el cuerpo. Los colores son el gris, gris plomo y negro, y también el marrón, amarillo y amarillo intenso (ciervo) con pequeñas manchas blancas en el pecho y la punta de los dedos. Todos estos colores pueden ser atigrados.

Todos los cachorros de Mastín Napolitano nacen con los ojos azules, pero luego, a los tres o cuatro meses de edad, cambian su color de acuerdo con el de la capa.

La oreja natural del Napolitano es pequeña en relación con la talla del perro. Tiene forma triangular, está implantada sobre el arco cigomático (hueso del pómulo) y pende, plana y pegada al carrillo. Tradicionalmente cortada, forma un triángulo equilátero. El corte de las orejas no es un requisito para el perro de exposición, por lo que el Napolitano puede ser presentado con o sin orejas cortadas. La oreja cortada confiere al perro una expresión más alerta. La cola normalmente se corta a dos tercios de su longitud original, de modo que alcance o sobrepase ligeramente la punta del corvejón.

La cola del perro debe ser ancha y gruesa en la base, y adelgazarse ligeramente hacia la punta.

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