Nefritis en perros

La nefritis canina es una inflamación de uno o ambos riñones del animal, provocada por alguna infección de tipo bacteriano o por una sucesión de resfriados muy fuertes. El origen puede tener, igualmente, carácter genético, dándose con mayor frecuencia en ciertas razas de perros, atacando el correcto funcionamiento de los riñones e impidiendo que los mismos realicen su filtrado de forma adecuada. Además reduce la producción de eritropoyetina en los animales. 

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Uno de los problemas de esta enfermedad es que en sus primeros momentos apenas presenta síntomas, por lo que es muy complicado atajarla en esos primeros instantes. Al cabo de unos días, en formas más avanzadas del mal, el animal presentará fiebre, vómitos, cólicos, excesiva frecuencia en la orina y, en general, decaimiento.

Ante estos síntomas habrá que acudir al veterinario, que mediante un análisis de orina y de sangre será capaz de dictaminar si el perro tiene nefritis. También podrá necesitar de pruebas como radiografías, ecografías y en última instancia una biopsia renal.

En los casos más leves la nefritis se combate mediante antibióticos, en el caso de que su origen sea bacteriano, y un cambio en la dieta, que deberá incluir arroz hervido, leche, queso fresco e hígado como aporte proteínico y de hierro. Se excluirá por completo la carne y la sal. Normalmente en unos diez días el perro ya estará completamente recuperado

En casos más extremos el tratamiento puede extenderse durante varios meses, y hacerse crónica, convirtiéndose en una enfermedad potencialmente mortal. En cualquier caso la insuficiencia renal crónica puede acarrear problemas cardiovasculares para el animal, así como complicaciones oculares (llegando a provocar ceguera aguda), hipertensión arterial o problemas neuronales como desequilibrio en la marcha, somnolencia, embotamiento o letargo. 

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