Parásitos más comunes en gatos (internos y externos)

Los gatos, como las demás mascotas, pueden tener todo tipo de parásitos, ya sean internos o externos. A veces es fácil ver el problema, pero en otras ocasiones puede ser complicado identificar el problema. Algunos gatos con parásitos pueden tener muchos síntomas mientras que otros no muestran ningunos. 

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Como no siempre es fácil saber si nuestro gato tienen parásitos, es aconsejable llevarlo de revisión al veterinario un par de veces al año, que nos aconsejará sobre la mejor manera de desparasitarlo.

Parásitos internos.

Los más comunes son las lombrices. Los casos leves no suelen mostrar síntomas, aunque podemos verlas en las heces del gato. Sin embargo, si la infección es más severa, puede causar vómitos, pérdida de peso e irritación en el ano.

Hay otros tipos de parásitos que pueden infectar el sistema digestivo, y todo pueden mostrar síntomas parecidos. Si nuestro gato tiene cualquier tipo de trastorno digestivo, como vómitos, diarreas, pérdida de peso o sangre en las heces, debemos acudir al veterinario para que le haga las pruebas para determinar el tipo de parásito que le ha infectado.

Hay que prestar especial atención a nuestro gato si sufre diarrea, ya que la pérdida de líquido puede provocarle una deshidratación severa.

Para evitar todo este tipo de problemas a causa de los parásitos que pueden entrar en el cuerpo de nuestro gato, es importante combatirlos con anitparasitarios internos que los eliminen, como es el caso de Milbemax en comprimidos orales, ya que son uno de los referentes en España en cuanto a despararasitación interna.

Parásitos externos.

Los síntomas más evidentes de la presencia de parásitos externos en la piel de nuestro gato son el rascado continuo y un acicalamiento constante. Si nos fijamos en su piel, veremos que le empieza a caer el pelo y puede presentar también escamas, inflamación o pequeñas heridas cutáneas. Los parásitos más comunes en los gatos son las pulgas y garrapatas.

Pulgas.

Las pulgas son pequeños parásitos que se alimentan de la sangre de nuestro gato. Si bien en teoría unas pocas pulgas resultan inofensivas para la salud del gato, la realidad es que pueden convertirse rápidamente en un problema muy serio.

Las pulgas se reproducen muy rápidamente y en 2 semanas llegan a su fase adulta. Su saliva puede ser irritante y a menudo causa alergia a los gatos, provocando irritaciones e inflamaciones en la piel. Además, en grandes cantidades pueden causar anemia.

Por otro lado, las pulgas son transmisoras de enfermedades, de modo que es muy aconsejable mantener a nuestras mascotas libres de este parásito.

Identificarlos es fácil, pero eliminarlos puede ser más complicado. Existen jabones para eliminar las pulgas que tenga el animal en el cuerpo, pero no suelen matar los huevos, con lo cual el problema reaparece. Lo mejor es complementar el baño con otro tratamiento más efectivo, como píldoras o pipetas, que aseguran una mayor protección del gato.

Además, hay que tratar también las zonas de reposo del gato y el resto de animales de la casa, ya que el problema no desaparecerá mientras queden larvas o huevos vivos.

El veterinario nos puede aconsejar el mejor método a seguir según las características de nuestra mascota y el ambiente en el que viva.

Garrapatas.

La garrapata es un parásito de tamaño mucho mayor a la pulga, que también se alimenta de la sangre de su huésped. Aparece en mayor grado en épocas calurosas, aunque su presencia varía mucho en función del clima de la zona.

Las garrapatas suelen encontrarse en zonas muy concretas del cuerpo del gato, ya que prefieren las partes con poco pelo y difícil acceso por parte del gato, como la cabeza, axilas o ingles. Sin embargo, en casos graves, podemos encontrarlas por todo el cuerpo del animal.

Los síntomas en este caso incluyen anemia, debilidad general, adelgazamiento y a veces puedes manifestar también lesiones en la piel. Como en el caso de las pulgas, las garrapatas son transmisoras de enfermedades, por lo que es muy aconsejable mantenerlas lejos de nuestro gato.

Podemos proteger a nuestro gato con las mismas pipetas o píldoras que protegen también de las pulgas. Como en el caso anterior, hay que consultar siempre con el veterinario en caso de tener un problema de garrapatas.

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