Pekinés, conoce la raza, consejos

Cuando hablamos de la raza Pekinés estamos hablando de una raza con un carácter muy fuerte, incluso un tanto mal humorada y consentida.

Necesita del cariño de sus dueños, y si no es así, el perro lo hará saber con ladridos.

El Pekinés es una raza sana y robusta por lo general, pero se debe controlar las cantidades de comida para que no caiga en sobrepeso.

El Pekinés es una raza pequeña con el hocico corto, y el pelo largo en la cola y las orejas. Su peso ideal no debería superar los 5 kilogramos.

Pekines.jpg

El Pekinés es un perro de origen chino de pequeño tamaño, que se caracteriza por su carácter independiente y peculiar.

La leyenda cuenta que el Pekinés nació del amor de un león con una mona. El rey de la selva se enamoró locamente de una mona y sacrificó su tamaño y su fuerza por este amor. Así nació el Pekinés, que heredó el valor, la nobleza y el orgullo de su padre, y el tamaño, la inteligencia y la dulzura de su madre.

Aparte del aspecto atractivo de la raza, el Pekinés es un perro pequeño y encantador que posee dignidad y calidad junto con un temperamento leal y valiente. En inglés se les conoce popularmente como «Pekes» y mucha gente les adora, incluso aunque no tengan uno, y es fácil entender por qué. Puedes encontrar todos los accesorios que necesitarás para su correcto cuidado en Petclic, uno de nuestros patrocinadores de confianza que dispone de miles de productos de las primeras marcas para que puedas suplir todas las necesidades de tu pequeño compañero.

Carácter – Convivencia – Comportamiento – Educación:

Este perro es muy peculiar por su temperamento. Es independiente, testarudo, de muy mal genio y dado a las rutinas. Tiene gustos muy claros y definidos que, si el amo no los cumple, no duda en hacer saber su descontento.

Cuando dijimos que es independiente, nos referimos a que no es una raza amiga de los halagos vacíos. No le gusta ser excesivamente manoseada y los tratos con niños son muy complejos. Otra clave de esta raza es que, si no los acostumbran desde una muy temprana edad (cachorro de 2 a 4 meses), jamás dejarán que les pongan collares ni cadenas, no los soportan porque no aceptan sentir limitados su movimientos ni su libertad.

Al decir que es de mal genio, les avisamos que en plenas demostraciones afectuosas de ellos hacia sus amos más próximos, son capaces de tener ataques de furia, donde morderán y gruñirán. Aman ser el centro de atención, pidiendo ser integrados en todas las actividades familiares, desde un paseo hasta en las comidas, siendo muy común entre los propietarios de estos perritos, que estos hagan que se sienten a la mesa.

Su temeridad, arrojo y valentía, como ya supimos por sus ancestros leoninos, es proverbial. No dudan en imponerse – si ven invadido su territorio (aunque no lo sea en realidad)- sobre Pastores, Rottwailer, San Bernardos o Gran Daneses. No dudan en atacar de inmediato a un perro de varias veces su tamaño, y no con gritos y ladridos, sino corriendo derechos contra el enemigo, y atacando con sus garras y colmillos. Aman la comodidad del hogar, evitarán como a una maldición que los confundan con perros “de clase baja”. Ellos tienen el derecho de compartir cama y comida directamente con los amos. Lechos de plumas y comida preparada para ellos. Esa es su forma de vivir acostumbrada. En las ocasiones en que caen en la desgracia del abandono, son tremendamente vulnerables. Nunca verán un pequinés vagabundo porque una de dos, o lo adoptan de inmediato, o no sobrevive.

El Pekinés es independiente, muy digno, refinado, a veces engreído y cree que puede hacer lo que quiera. Con los extraños se muestra indiferente pero con los suyos es apegado y atento.

Le repugna el ejercicio físico.

Aunque el Pekinés debería ser valiente, no es una raza agresiva. De todas formas, no debería ser tímido. De hecho, el Pekinés ha sido conocido desde hace mucho tiempo por su despreocupación bastante majestuosa por el resto de criaturas, una característica que fascinó a la emperatriz Tzu Hsi.

Tan dignos como puedan llegar a ser, muchos Pekineses disfrutan enormemente divirtiéndose con un juguete, aunque los propietarios deberían tener en cuenta que, como la raza tiene un hocico tan chato se le deberían proporcionar juguetes bastante planos, ya que no podrán sujetar una pelota con los dientes. En general, no es una raza destructiva y un juguete adecuado satisfará usualmente y de forma bastante adecuada su necesidad de disponer de algo para morder.

Mucha gente parece ser de la opinión de que a los Pekineses no les hace falta, en realidad, hacer ejercicio, pero esto no es totalmente cierto. Todos los perros necesitan hacer ejercicio para mantener un buen tono muscular y evitar la obesidad. De todas formas, los Pekineses se sentirán felices dando una vueltecita por el jardín, si eso es lo que corresponde al ritmo de vida del propietario. Por supuesto, la mayoría estarán más que contentos yendo a dar un paseo, pero se deberían evitar las zarzas debido a su pelaje. También debería recordarse que pueden moverse con bastante rapidez cuando quieren.

Cuidados y Salud:

Necesita una dieta equilibrada desde cachorro para prevenir la obesidad.

Debido a su larga melena, los cuidados de este pelo deben empezar a temprana edad y son más exigentes al surgir el pelo adulto. El cepillado de pelo requiere un par de horas a la semana pero no necesita ningún corte ni peinado especial.

La mayoría de los problemas de salud del Pekinés se deben a su estructura, es propenso a cálculos del sistema urinario y degeneración de discos intervertebrales. Los problemas más frecuentes son los oculares, desde enfermedades como cataratas juveniles hasta irritaciones por el pelo, distiquiasis, atrofia progresiva de retina y “ojo seco”.

A pesar de ser un perro pequeño y chato, el Pekinés es, en general, una raza sana y robusta. Se dice que parece tener una resistencia innata a las enfermedades y muchos tienen un increíble poder de recuperación. Es difícil saber a qué podría ser debido, pero podría remontarse a la selectiva y cuidadosa cría que se llevaba a cabo en las cortes imperiales chinas.

Cuando se siente enfermo, el Pekinés, al igual que otras razas caninas, puede ser bastante arisco, pero debe reconocérsele el mérito de que hará todos los esfuerzos posibles por recuperarse rápidamente. Aunque no se pueden abarcar todas las enfermedades en un libro de este tipo, la prevención vale más que la curación, así que puede que los siguientes consejos sean útiles para indicarnos sobre algunos de los problemas que podrían surgir.

El Pekinés es una raza braquicefálica (tiene unos huesos nasales cortos, lo que se pone de manifiesto por su hocico chato). Debido a esto, tiene mayor tendencia a sufrir más problemas nasales y respiratorios que las razas de hocico más largo, aunque gracias a la cría cuidadosa estos problemas son menos frecuentes que antaño. De todas formas, cualquier estertor o ronquido excesivo debería ser examinado por un veterinario, incluso aunque sólo sea para asegurarse de que nada va mal.

Algunos Pekineses son susceptibles a las faringitis y tonsilitis, pero éstas, aunque molestas, no suelen ser muy graves y se pueden tratar rápidamente. De todas formas, a veces pueden suponer el preludio de otras enfermedades, así que deben ser sometidas a examen. Los Pekineses pueden, a veces, padecer algo muy parecido a un resfriado humano, con sonidos acatarrados y unaligera fiebre. De nuevo, si se detecta pronto, la asistencia veterinaria podrá, frecuentemente, remediarlo sin grandes problemas.

Los resoplidos no suelen suponer un problema, pero es algo que puede preocupar a un propietario novato y desinformado. Es algo bastante frecuente en todas las razas chatas. Debido a la elongación del paladar blando, el perro respira, repentinamente, a golpes cortos y bruscos, tiene un aspecto muy tenso y está de pie. Esto suele suceder debido a que el perro se excita mucho y generalmente sólo dura unos pocos segundos. Aunque no es un problema grave, puede resultar alarmante y siempre debería ser estudiado por el propietario. Pueden existir otras razones para estos resoplidos. Por ejemplo, podría haber una semilla de hierba atorada en la cavidad nasal y ésta debería ser, por supuesto, retirada inmediatamente.

Se ha publicado que se dan enfermedades cardiacas en los Pekineses y que no son exclusivas de los perros ancianos. De todas formas, existen muchos tipos de enfermedades cardiacas y no todas son hereditarias. Obviamente, cualquier síntoma anómalo debería ser examinado concienzudamente por un veterinario, aunque, por supuesto, muchos Pekineses llegan a vivir muchos años sin problemas cardiacos.

Debido a los ojos bastante prominentes de esta raza, no es difícil que se los dañen. Una úlcera puede ser provocada por una rascada o incluso por un golpe que pudiera haber pasado inadvertido. De todas formas, ante el primer síntoma de un problema ocular se debería consultar con el veterinario, ya que la actuación rápida puede llevar a un total restablecimiento de la vista y no a una pérdida parcial o total de la misma.

Tenga especial cuidado de que las semillas de la hierba, las pelusillas o el pelo no se acumulen en los ojos. Un síntoma temprano de esto puede ser el excesivo lagrimeo.

Algunos Pekineses padecen de ojo seco, que puede aparecer por muy diferentes razones. Si se sospecha esto, el veterinario debería confirmarlo y recetarle un tratamiento oftalmológico para aliviar el problema.

Muchas razas miniatura y otras de pequeño tamaño tienen problemas con sus rodillas y esto se conoce como luxación patelar o rotuliana aunque, por supuesto, pocos animales están afectados. Es importante que el perro no esté muy gordo, ya que esto tendería a empeorar el problema. Muchos perros con luxación rotuliana viven con este problema sin experimentar dolor, pero a veces deberá pensarse en una operación quirúrgica (frecuentemente es exitosa).

No se debería animar a los Pekineses a que saltaran desde los muebles, ya que, al igual que otras razas de dorso largo, frecuentemente sufren problemas relacionados con los discos intervertebrales. Por supuesto, la mayoría de los Pekineses viven una vida perfectamente sana sin problemas de este tipo, pero se debería tener presente que este problema podría surgir.

Al igual que con muchas de las razas de pequeño tamaño, muchos Pekineses pierden sus dientes a una edad relativamente temprana. Por ello, es importante prestar especial atención al cuidado de los dientes y las encías para que se conserven lo más sanas posibles, previniendo de esta forma las caries, las infecciones y las consiguientes pérdidas de piezas dentales.

La infección de las encías puede no detenerse ahí. Las bacterias causantes de esta infección pueden entrar también en el torrente sanguíneo y dar como resultado enfermedades hepáticas, renales, cardiacas y articulares. Todo esto supone una razón de más para darse cuenta de que los buenos cuidados dentales son de la máxima importancia a lo largo de la vida de un perro.

La halitosis suele ser el resultado de problemas dentales y gingivales, aunque también puede ser provocada por la indigestión o a veces estar relacionada con los riñones. En caso de problemas digestivos, el carbón activado, ya sea en forma de tabletas o gránulos, ayudará a aliviar el problema. Una buena solución para enmascarar el mal aliento es el uso de tabletas de clorofila.

Los síntomas de una infección del oído son una descarga marronosa y maloliente que da lugar a que la oreja se enrojezca, se inflame y se irrite. En esta etapa, el perro se rascará y puede que tenga la cabeza ladeada debido al dolor. Es importante mantener siempre limpias las orejas y el oído externo, pero si aparece una infección, el veterinario le recetará unas gotas adecuadas como tratamiento.

Debido a que son de baja estatura, tienen un pelaje largo y unas orejas también largas, a los Pekineses les pueden quedar enganchadas semillas de hierba que pueden atravesar la epidermis. Frecuentemente quedan prendidas en el pelaje, pero a veces pueden llegar hasta la piel y provocar dolor e incluso abscesos. Pueden incluso quedar clavadas en los orificios nasales o entre las almohadillas de los pies. Así, es importante examinar el pelaje después de un paseo, especialmente a finales del verano y principios del otoño. Cualquier síntoma de incomodidad debe ser investigado de inmediato.

Los Pekineses tienden a no tolerar las temperaturas extremas, debido en parte a su profuso pelaje. Por ello, se debería tener cuidado en no ejercitar a un Pekinés cuando el calor sea excesivo.

Hay muchos otros problemas de salud que los perros pueden sufrir, pero no es posible exponerlos todos aquí. A medida que vaya conociendo a su Pekinés, también reconocerá cuándo no se encuentra bien, en cuyo caso el veterinario podrá ayudarle y proporcionarle unos cuidados adecuados.

Historia:

Esta pequeña raza de perro es natural de la zona este asiática, y es considerada una desviación de los míticos perros lanudos del Tibet. Derivación tras derivación, se conocen las primeras documentaciones oficiales en grabados coreanos de hace 4.000 años, y otros del siglo VIII inmersos en la corte imperial de China, en plena dinastía H´ang.

Para el imperio, este animal surgía en una época mitológica, y aquí hay un pequeño párrafo sobre este origen: -Perdidamente enamorado de una pequeña mona, el rey león pidió permiso al dios Mago Hai Ho para desposarla. -Si estás dispuesto a sacrificar tu fuerza y tu tamaño, te doy mi consentimiento, fue la respuesta del dios.

Así, según la leyenda china, nació el pekinés. Valiente y orgulloso como su padre y pequeño, amoroso e inteligente como su madre.

Adorado por el budismo, fue convertido en símbolo mismo de esta religión. Capricho y pasión de la familia imperial, vivió durante siglos en la Ciudad Prohibida en Pekín (de ahí el patronímico de la raza), sin ningún contacto con el mundo exterior.

En esa época, el valor de joya de la familia imperial de esta raza de perritos, invocaba leyes especiales en las cuales una falta de protocolo frente a ellos se castigaba con cárcel; el robo, el secuestro o el asesinato de un pekinés se pagaba directamente con la vida del infractor.

Durante mucho fueron un privilegio para los nobles chinos, estando prohibida su exportación. Los primeros ejemplares ingresaron a Europa recién en el año 1860 llevados ante la reina Victoria de Inglaterra (tras las incursiones del Ejército Británico en Pekín, donde el aspecto exótico de estos perritos los salvaron del ajusticiamiento general llevado a cabo por los soldados) y treinta años más tarde se presentaron por primera vez en la exposición de Chester. Y de ahí a su moderna distribución, que los hace una raza muy conocida de perros de compañía, pero no tan masiva como pareciera.

En la mañana del 15 de abril de 1912, un pekinés llamado “Sun Yat Sen”, propiedad del millonario británico Henry Harper fue uno de los 3 perros que lograron sobrevivir el naufragio del Titanic.

El Pekinés tiene una historia muy rica y es, merecidamente, una raza que tiene gran popularidad en todo el mundo. Criado meticulosamente durante siglos por los soberanos de la China imperial, el Pekinés era un animal muy apreciado en los palacios reales, donde vivía separado del resto de perros.

Aquellos ejemplares que estaban en los palacios eran de mejor calidad que los que tenía el pueblo llano, y estos últimos eran de tamaño algo mayor y con un aspecto general más recio. Los perros de las casas reales eran a veces regalados a otros monarcas asiáticos y, sin duda, algunas de esas líneas transmitieron ciertas características a otras razas orientales. El Chin japonés, el Carlino (Pug), el Tibetan Spaniel y el encantador Perro Happa (que significa «perro de debajo de la mesa»), que se parecía bastante a un Pekinés de pelo corto, son algunos ejemplos obvios. Aunque razas como éstas todavía tienen lazos lejanos, su relación en la Edad Media era más estrecha que en la actualidad.

Se cree que en la antigüedad el Pekinés sólo era tenido por los más altos dignatarios de la corte, por aquellos de sangre real. Del mismo modo que el pueblo llano era obligado a no mirar al emperador, también se les exigía apartar la vista, bajo pena de muerte, siempre que apareciera un Pekinés. Ciertamente, este perro era tenido en muy alta estima (hay quienes dicen que hasta era considerado sagrado). Había incluso Pekineses a los que se les habían entregado galardones literarios. A uno se le entregó la Orden Oficial del Sombrero, que se podría comparar con el actual Premio Nobel de la Paz.

Podemos ver claramente, en el arte chino, que el Pekinés y el Carlino eran dos razas bastante apartadas, y esto se hace evidente en los cuadros de la China Imperial. Miles de años antes del inicio de la era cristiana, los perros aparecían en las obras de bronce chinas y más tarde aparecieron perros pequeños parecidos a un león hechos de cerámica y porcelana. En el arte budista chino se utilizó frecuentemente y de forma simbólica un león mitológico sagrado y al final se permitió que fuera el Pekinés el que lo representara.

Los cuadros de los siglos XVII y XVIII nos dan una buena idea de los perros que se criaban en el Palacio Imperial, ya que se solía encargar con frecuencia a los artistas de la corte que retrataran a los perros de palacio. Había un pergamino concreto, pintado delicadamente por Tsou Yi-Kwei, que mostraba a un centenar de perros.

En el arte del siglo XVIII, el Pekinés seguía un patrón bastante convencional. Este perro casi siempre tenía unas manchas bastante uniformes y una expresión similar, con unos ojos grandes y saltones. Incluso hasta finales del siglo XIX, la emperatriz viuda Tzu Hsi, conocida por el gran aprecio que sentía por los Pekineses, siguió este estilo en sus propios cuadros, al igual que lo hizo su profesora de pintura.

Ciertamente, hay muchas obras valiosas en el arte chino en las que abundan los retratos del Perro León, que era el nombre que recibía el Pekinés. Muchos se conservan en museos abiertos al público, pero otros más pertenecen a colecciones particulares. Durante el siglo XIX, los cuadros se parecían enormemente a ejemplares reales y aparecían pintados como hermosas miniaturas en abanicos, cajitas para el rapé, farolillos, biombos y cofrecillos.

Como princesa de Pequín, Tzu Hsi era muy aficionada a todos los animales pequeños y los pájaros canoros, y siempre tenía tiempo para dedicarse a sus amigos los animales. Como anciana fue conocida, cariñosamente, como «Vieja Buda» y continuó con su gran interés por la cría de perros hasta el fin de sus días como emperatriz.

Antes de ella, a los perros pequeños se les impedía, por costumbre, el crecimiento mediante métodos mecánicos y fármacos. Esto permitía llevarlos en las mangas de los vestidos de las damas cuando estaban en la corte, lo que originó el nombre «perro de manga». De todas formas, la emperatriz puso fin a estos métodos y fomentó los naturales, entre los que se incluía la cría selectiva como medio de mantener pequeño el tamaño.

La mayoría de sus Pekineses eran del color de la marta cibelina o rojo oscuro, pero le gustaban muchos colores y también tenía ejemplares negros, particolores y blancos. Incluso se dijo que algunos de ellos eran criados para hacer conjunto con el color de las peonías y de la fruta que crecía en las riberas de los lagos de los terrenos del Palacio de Verano.

Aunque su referencia se hace bastante extensa, en la opinión de la autora, ningún libro acerca del Pekinés estaría completo si no incluyera la interpretación de la descripción de la emperatriz Tzu Hsi ni los consejos acerca de esta raza. Se dijo que estas palabras eran «perlas derramadas por los labios de Su Majestad Imperial Tzu Hsi, emperatriz viuda del florido país de Confucio»:

La emperatriz era extremadamente consciente y metódica, tanto en su trabajo como en sus aficiones y, aunque a veces podía ser flexible, en otras ocasiones podía ser bastante implacable. Sin duda, se convirtió en una de las grandes emperatrices de Oriente y fue comparada, a su manera, con la reina Victoria de Inglaterra. La emperatriz viuda Tzu Hsi falleció en noviembre de 1908. Al año siguiente se enterraron sus restos en un funeral que costó la mitad que cualquier otro funeral real hasta la fecha. Uno de sus Pekineses favoritos fue delante del féretro hasta llegar a la tumba. Se trataba de Moon-tan (que significa «peonía») y tenía una mancha amarilla y blanca en la frente. Este suceso guardaba reminiscencias con el fallecimiento del emperador T’ai Tsung, hacía unos 900 años. Su perro, Tao Hua, que significa «flor del melocotonero», siguió a su amo hasta el lugar de su último descanso, y allí murió de pena, se dice, a los pies de la tumba imperial.

Se dice que el perro de la emperatriz también murió de pena, pero otros creen que Moon-tan fue robado y vendido por uno de los eunucos.

Hubo una guerra, conocida como la Guerra de la Flecha, en la década de 1860 entre China y los aliados occidentales. Se evacuó la casa imperial de Pekín poco después de que los invasores llegaran a la Ciudad Prohibida. De todas formas, olvidaron a cinco Pekineses en el palacio de verano. Se creía que habían pertenecido a una tía del emperador, que decidió no huir, sino quedarse y suicidarse. Los oficiales británicos prendieron a estos perros y se los llevaron a Gran Bretaña, siendo éstos los primeros ejemplares de los que se tiene constancia que llegaron a aquel país. Uno de ellos, una hembra, era excepcionalmente pequeña y era llevada en la gorra militar del teniente Dunne. La rebautizaron como «Looty» y fue presentada ante la reina Victoria, bajo cuyo cuidado quedó hasta la muerte del animal, en 1872.

Looty era de color leonado y blanco y pesaba aproximadamente 1,4 kg. No tenía unos flecos de pelo densos y se parecía más bien a un Lo-sze, que era un tipo de Pekinés de pelo liso. Parece ser que Looty vivía en el castillo de Windsor, pero lo más probable es que pasara la mayor parte del tiempo en las perreras y no como mascota en el castillo. Fue retratada en un cuadro de 1863, obra de un pintor protegido por Sir Edwin Landseer.

Los otros cuatro fueron llevados a ran Bretaña por Lord John Hay y Sir George Fitzroy. Los dos que trajo el primero eran un macho blanco y negro (Schlorf) y una hembra (Hytien), que pesaba poco más de 2 kg y era de un color castaño oscuro con una máscara oscura. Lord Hay se los regaló a su hermana, la duquesa de Wellington y, con la ayuda del macho, que vivió hasta los 18 años, pudo hacer que la raza siguiera viva en Strathfieldsaye. Los otros dos eran bastante pequeños, de color castaño oscuro y con la máscara oscura. Fue a partir de estos dos de quienes derivó la línea Goodwood.

Existen varios relatos del saqueo del Palacio de Verano, que tuvo lugar a finales de 1860. Uno de ellos explica que se lanzó a seis Pekineses a un pozo antes que dejarlos en manos de los «demonios extranjeros». Ciertamente, los pozos eran utilizados para muchas cosas, además de para sacar agua, y entre ellas se incluía la eliminación de la principal concubina del emperador. Es muy posible que se sacaran, a escondidas, más perros de palacio y que éstos fueran vendidos por los eunucos a importantes nobles chinos. Lo cierto es que se encontró a muchos de estos perros fuera de los muros de palacio y se pensaba que se parecían mucho a esos delicados ejemplares.

Como hemos visto, la cría de Pekineses tuvo lugar en Strathfieldsaye y en Goodwood, y hacia finales de la década de 1890 había por lo menos 17 Pekineses en Fulmar Palace (Slough, Inglaterra) en manos de Lord John Hay. Él llamaba a estos perros Peking Spaniels y escribió relatos muy interesantes acerca de sus bufonadas. Incluso navegaban por el lago en pequeñas balsas y llevaban a cabo maravillosos ejercicios gimnásticos.

El criadero Goodwood ya era famoso, puesto que había sido fundado en 1787 para alojar a las jaurías de Foxhound de Goodwood. Hacia finales del siglo XIX parece probable que los Pekineses fueran tenidos como mascotas en Goodwood House, donde se había tenido a otras razas pequeñas. La duquesa de Richmond (propietaria de este criadero) regaló algunos Pekineses a amigos íntimos. En esta época, y como cabría esperar, la mayoría de aficionados a esta raza eran miembros de la aristocracia.

Desde el final de la Guerra de la Flecha, a lo largo de la rebelión de los bóxers de 1900 y hasta la muerte de la emperatriz Tzu Hsi en 1908, muchos occidentales habían tenido contactos con China. Como consecuencia, en esta época llegaron a Gran Bretaña perros con verdadero tipo Pekinés (algunos de ellos con un tipo no tan genuino). La mayoría de los importadores eran oficiales del ejército.

Remontándonos al año 1860, cuando se encontró a esos cinco perros en el Palacio de Verano, existen informes de que se hallaron otros 14 «pequeños perros de aspecto extraño» al derribar una puerta cerrada. Dos de estos perros llegaron a Gran Bretaña en 1863. Lara y Zin (este último era un Pekinés totalmente blanco) fueron entregados como regalo de bodas para Lord y Lady Hay. Zin sufrió un accidente y fue sustituido por otro ejemplar llamado Foo. Es probable que los dos primeros hubieran sido criados en China.

Es muy fácil quedar atrapado en los fascinantes sucesos de esas primeras décadas de la historia de la raza en Occidente. En 1885 el almirante Sir William Dowell envió a Gran Bretaña una pareja desde China. Un perro fue entregado por un eunuco de palacio en pago por servicios médicos prestados. Este perro se encuentra entre los varios machos de cría influyentes en esos primeros tiempos y se pagaban de cinco a diez guineas por sus montas, una considerable suma en esa época.

La raza se estaba volviendo muy popular y crecía en número gracias a la ayuda de algunos criadores influyentes. Mrs. Clarice Ashton Cross fundó su importante criadero Alderbourne después de la Primera Guerra Mundial y hubo muchos criadores relevantes en los «felices veinte».

El Pekinés no apareció en los EE.UU. hasta el final de la rebelión de los bóxers. La emperatriz viuda Tzu Hsi regaló ejemplares a varias damas estadounidenses importantes y entre ellas se encontraba la hija de Theodore Roosevelt, Alice, a la que regaló un macho negro.

Algún que otro ejemplar era sacado de contrabando de China, pero esto suponía un gran riesgo y los eunucos capturados llevando a cabo estos actos podían ser condenados a muerte mediante tortura. En 1901 un perro llamado Pekín fue el primer ejemplar de la raza exhibido en los EE.UU. De todas formas, los estadounidenses interesados en la cría de los Pekineses tendían a mirar hacia Gran Bretaña para realizar sus importaciones.

El American Kennel Club (AKC) comenzó con las inscripciones de ejemplares de esta raza en 1906, momento a partir del cual comenzó a ganar en popularidad. Los aficionados se unieron para potenciar la raza, lo que dio lugar al Pekingese Club of America, fundado en 1909. Un año antes el primer ejemplar de la raza en ganar un título de Campeón fue la hembra negra Chiaou-Ching-Ur, criada por la emperatriz viuda. Tristemente, no dejó descendencia.

El Pekinés es, en la actualidad, ampliamente conocido en la mayoría de países de todo el mundo y en las exposiciones internacionales de campeonato se inscriben muchos ejemplares en todas las categorías. Algunos buenos ejemplares obtienen importantes galardones tras haber competido duramente. Ciertamente, el Pekinés ha llegado a muy altas cotas en la actualidad, con lo que uno no puede dejar de pensar que la emperatriz viuda Tzu Hsi estaría, probablemente, muy orgullosa.

Apariencia General

El Pekinés es un perro pequeño, compacto y pesado. La parte delantera de su cuerpo es muy masiva y ancha, y la trasera, más normal y bastante estrecha. La cabeza es relativamente grande en relación al cuerpo. Tiene unas orejas pegadas contra la cabeza y llenas de unos flecos muy largos que se le confunden con el resto del pelaje.

Se trata de un perro de tamaño reducido, robusto, que debería parecer pequeño pero que tendría que ser sorprendentemente pesado al cogerlo. El peso ideal para los machos no supera los 5 kg y en el caso de las hembras los 5,5 kg. Al contrario que en la mayoría de las razas, los machos tienen un tamaño algo menor que el de las hembras. La altura a la cruz oscila entre los 15 y los 25 cm.

El pelaje completo del Pekinés se puede comparar con las joyas de la corona de esta raza, pero para mantenerlo en este estado hace falta tiempo y dedicación. El Pekinés no sólo tiene un pelaje largo, sino también una subcapa densa, por no hablar de la gran melena que cubre sus hombros y los bigotes largos que crecen hacia abajo desde la mandíbula. Esto significa que el mero acicalado de su capa externa puede dar un aspecto general razonablemente bueno, pero en poco tiempo, empezarán a formarse nudos en la subcapa. Los nudos y las bolas de pelo son increíblemente difíciles de eliminar si se les permite crecer, así que se debe tomar muy en serio este aspecto antes de encapricharse con esta raza.

Se pueden encontrar Pekineses de muchos colores, todos ellos permitidos e igualmente valorados, con la excepción de los albinos y los de color hígado. Los particolores deberían tener claramente separados los colores. Observando algunas fotografías de este libro verá parte de este amplio surtido de colores. Aunque no hay mención alguna de una máscara negra en el estándar de la misma, a la mayoría de los criadores y de los jueces les gusta que los Pekineses la tengan, lo que logra un hermoso conjunto con la encantadora trufa negra.

La cola del Pekinés está implantada alta y se lleva tiesa y ligeramente curvada por encima del dorso.

Los Pekineses conocidos como «de manga» son versiones en miniatura de esta raza y pueden aparecer en una camada de cachorros de talla normal, incluso siendo el padre y la madre del tamaño normal. A algunos criadores les gusta quedarse con algunos buenos machos «de manga» para usarlos como animales de cría, pero las hembras enanas no suelen utilizarse con este fin, ya que podrían dar lugar a cachorros de talla normal y lo pasarían muy mal a la hora del parto.

Los perros de manga siempre fueron muy apreciados por la familia imperial china y todavía tienen seguidores muy aficionados en la actualidad. Incluso tienen su propio club para perros de manga.

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (2 votos, media: 4,50 de 5)
Nuestros patrocinadores nos ayudan a mantener la calidad de esta página

Responder