Rabia en gatos

La rabia es una enfermedad viral que puede aparecer en todos los mamíferos, y que es especialmente abundante en algunas especies como los zorros, las ratas, los murciélagos o los mapaches. La enfermedad se manifiesta especialmente en el tejido nervioso y las glándulas salivales, provocando a su residente accesos espasmódicos, abundante salivación (con baba blanquecina alrededor de la boca) y, en general, ataques de agresividad desmedida.

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El virus de la rabia también se puede transmitir a los gatos, mediante mordeduras y peleas con otro animal portador del mismo. Los gatos, además, no suelen recibir vacunaciones periódicas contra la rabia (cosa que sí ocurre con los perros) por lo que son residentes perfectos para el virus. Un buen sistema de vacunas puede evitar que los gatos contraigan esta peligrosa enfermedad, que puede llegar a ser mortal, y que además es transmisible a los seres humanos, donde resulta muy peligrosa.

Los primeros síntomas de que nuestro gato puede tener rabia incluyen un aumento en la frecuencia de sus maullidos e incluso un cambio en el tono del mismo. Además se mostrarán más inquietos e irritables, y frecuentemente dejarán su mirada en blanco. También tendrá excesiva producción de babas y morderá objetos inexistentes.

A continuación se produce una pérdida de apetito y una falta de movimiento generalizada, que con el tiempo se irá completando con espasmos, falta de coordinación en los movimientos y cambios bruscos de conducta.

Si sospechas o tienes la certeza de que tu gato puede estar contagiado por la rabia debes de separarlo inmediatamente del resto de animales y, dentro de lo posible, aislarlo también de los seres humanos para que no los contagie. La rabia no se puede curar, y en muy pocos casos la enfermedad remite, por lo que normalmente el resultado final no puede ser otro que la eutanasia.

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