Toxoplasmosis en gatos

La toxoplasmosis es una enfermedad muy abundante en cierto tipo de mamíferos que puede resultar mortal. Es especialmente agresiva con los conejos, habiendo provocado la desaparición de estos animales en algunos países y diezmado su población en otros. También puede atacar a las personas y llegar a provocar abortos en mujeres embarazadas. A pesar de que no suele ser contagiada en estos casos por los gatos (es más habitual por ingestión de carne cruda, como los embutidos, o poco hecha) sí que se recomienda, por norma general, que las encintas no tengan mucho contacto con felinos. 

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La toxoplasmosis también ataca a los gatos domésticos y puede llegar a ser mortal. Para saber si nuestro gato está infectado la única seguridad es acudir al veterinario y realizarle un análisis de sangre y heces. No obstante nosotros mismos podemos constatar en casa si el animal tiene alguno de los síntomas típicos del mal, como el mantener los ojos cerrados durante mucho tiempo pese a no estar dormido, pérdida de pelo mucho mayor que la habitual y el desprendimiento por parte del gato de una especie de polvillo similar a la caspa.

El tratamiento debe de pasar forzosamente por una visita al veterinario y seguir a rajatabla sus indicaciones. Normalmente es tratado con sulfatos y antibióticos, además de necesitar en ocasiones tratamiento para los males asociados a la enfermedad en sí misma, como neurológicos, respiratorios o gastrointestinales. Evidentemente todas estas acciones se deben realizar siempre por orden del veterinario, y en ningún caso iniciaremos un tratamiento por nuestra cuenta sin informar antes al médico. De esta forma se puede atajar la toxoplasmosis en los gatos siempre que se halle en un estado poco avanzado de la enfermedad. 

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