Un Sharpei, salva a toda una familia

Tremenda historia de cómo un perro nos puede salvar la vida en momentos cruciales.

El Sharpei protagonista de esta historia es un auténtico salvador que consiguió despertar a toda una familia justo a tiempo para evitar una desgracia.

Gracias a sus ladridos, llantos y rascaduras en las puertas, toda la familia pudo salvarse de las llamas que poco a poco devoraban su hogar. Desgraciadamente, el animal no quedó ileso de su gran hazaña, sino que sufrió consecuencias irreversibles a causa de la gran cantidad de inhalación de humo que padeció mientras esperaba a ser rescatado.

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La casa de esta familia de Granada se convirtió en la madrugada del día 18 en una trampa de llamas y humo cuando un cuadro eléctrico comenzó a arder y reventó una ventana de cristal de la planta baja. Simba y Nala, los dos perros, que descansaban en este habitáculo reaccionaron de forma inmediata. Lo primero fue avisar a la abuela y a los dos nietos, instalados en una habitación en este bajo; los animales comenzaron a arañar un trozo de madera que les impedía el paso al dormitorio, separado por una cortina del resto del garaje. Gruñidos, ladridos, arañazos en la madera… Los perros trataban de despertar a la abuela sin demasiado éxito. Pasaban los minutos. El humo negro invadía todo el bajo y numeroso material inflamable convertía el lugar en una ratonera sin salida.

La abuela, por fin despertó, agarró con fuerza a sus dos pequeños y los colocó junto a una ventana, abierta a la zona exterior de la casa. Mientras esto pasaba en la parte baja, en el piso superior de la casa había cinco personas durmiendo, entre ellas un niño y un varón de 67 años. Simba, el perro de raza shar pei, una vez dejó a salvo a la abuela y los dos nietos, así como al pequeño chihuahua, se lanzó como una bala hacia la planta superior. Una carrera contrarreloj, no solo contra el tiempo, sino contra el humo negro que comenzaba a invadir la planta de arriba. Nadie sabe cómo este perro aguantó la falta de oxígeno, pero logró sortear los más de doce escalones entre un piso y otro, atravesando una densa cortina de humo. Una vez arriba, se dirigió a la habitación de su dueña, que estaba cerrada y comenzó a arañarla, a ladrar…

Simba se cercioró bien de que todos los miembros de la casa estaban en guardia ante el fuego, y en lugar de marcharse fuera de la vivienda a respirar el aire que le faltaba, decidió regresar al piso bajo junto a la abuela y los dos nietos. La situación era angustiosa, mientras el dueño de la vivienda lanzaba chorros de agua de una manguera contra el foco de fuego, otros acudían al exterior a pedir ayuda a los vecinos. «Fue una pesadilla y estamos vivos gracias al perro», resume Antonio Fernández, mientras se le escapa alguna lágrima. Los vecinos acudieron con sierras radiales, con cubos de agua, con palancas para forzar puertas… mientras Simba aguantaba con las patas temblorosas cerca de donde estaba la mujer de 66 años junto a sus dos nietos. La abuela reaccionó y recordó que una placa de metal ubicada bajo la ventana, comunicaba con la parte externa de la casa, aunque llevaba años sin abrirse. Logró escaparse de las llamas y el humo por este agujero, acompañada de los dos nietos y la pequeña perra Nala. Simba no pudo salir y se quedó atrapada en el garaje. Ya estaban todos a salvo y mientras unos trataban de apagar las llamas, otros se abrazaban empañados entre las lágrimas de la desesperación.

Los bomberos del parque sur de Granada fueron los responsables de sacar moribundo del garaje al perro Simba, gracias al cual no murieron asfixiados los ocho ocupantes de la vivienda. «Si el perro no los avisa a tiempo, la masiva inhalación de humo los hubiera matado», comenta uno de los agentes que participó en las labores de extinción del incendio. El can fue rescatado cuando se encontraba casi asfixiado, los sanitarios del 061 le suministraron oxígeno mientras una vecina de la familia, de profesión veterinaria, acudió para llevarse al perro a su clínica privada. Allí permaneció casi dos días ingresado, mientras se recuperaba. La dueña, Leticia, acudió a por su perro la tarde del jueves. La inhalación de humo le ha dejado afectado el cerebro y sufre una pequeña hemiplejía, pero, al menos, sigue con vida. La casa ha quedado destrozada, pero la familia así como los dos perros han sobrevivido a la catástrofe. «Le debemos la vida y nunca le podremos pagar lo que ha hecho por nosotros».

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